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comentario a las lecturas de la misa
domingo xxvii del tiempo ordinario (A)
La decepción de Dios

Las lecturas nos presentan el desconcierto y el desencanto de Dios después de haber puesto tanta confianza en el hombre. El Génesis 1 nos presenta a Dios creando el universo con su palabra y tomándose un descanso bien merecido después de haber hecho el hombre y la mujer a su imagen y semejanza. Todo lo que había hecho era muy, pero muy bueno. El hombre y la mujer cuidarían del mundo creado. Dios podía descansar tranquilo. Fue un ensueño. Cuando se despertó, visitó el paraíso como acostumbraba al aire fresco de la tarde. - Adán ¿dónde estás? Eva ¿qué habéis hecho? Se habían escondido de vergüenza de no haber respondido a la confianza de Dios... Pasaron los años y parecía que todo iba de mal en peor que viendo el Señor como crecía la malicia de los hombres y que de un extremo a otro del día sólo pensaban en hacer daño, se entristeció y se arrepintió de haberlos creado. Me arrepiento de haberlos hecho.

El poema tan bonito de Isaías sobre el amado y la viña expresa también una profunda decepción. Esperaba que diese uvas, pero le daba agraces. ¿Qué más podía hacer por ella? ¿Por qué me da agraces cuando yo esperaba buena uva? La viña del Señor del universo es el pueblo de Israel. Esperaba justicia, pero no ve sino injusticias; esperaba bondad, pero oye el clamor de los oprimidos.        

Jesús aplica el poema de la viña a la respuesta de Israel a las múltiples llamadas de Dios a través de los profetas de todos los tiempos. Respuesta lamentable: fueron maltratados, humillados, asesinados... Y acostumbrado a decir que no, cuando Dios le envía a su Hijo, el pueblo lo desconoce y lo crucifica. La sentencia es terrible: Por eso os digo que el Reino de Dios os será quitado y será dado a un pueblo que produzca sus frutos.

¡Qué lástima! Nos miramos la reacción del pueblo de Israel a la llamada de Dios como si no nos afectara. Sería bueno que mirásemos nuestra propia reacción como pueblo de Dios en Europa, en España, en Cataluña, en Balàfia... ¿Qué frutos esperaba el Señor y qué frutos le damos? ¿No mereceremos que se nos quite la poca fe que tenemos y se dé a otros quizás más humildes, más necesitados, más agradecidos y generosos? Tenemos muchas iglesias y grandes catedrales, espaciosas y espléndidas... pero vacías. ¿No las ocuparían con más dignidad otra gente que no tiene donde practicar su culto o sus oraciones?

Repitamos la oración del salmo: Dios del universo, vuelve tu mirada sobre nosotros tus ojos, ven a visitar tu viña, que tu mano había plantado y había hecho robusta y fuerte. No nos apartaremos nunca más de ti, Señor, Dios del universo, renuévanos, haznos ver la luz de tu rostro y seremos salvos.

Después de orar, hagamos nuestra la exhortación de san Pablo a los cristianos de Filipos: Mantengamos la cabeza y el corazón en paz. Aprendamos a orar en cada circunstancia de la vida, seamos agradecidos a los dones de Dios. Valoremos, amemos y favorezcamos todo lo que es verdadero, respetable, justo, limpio, amable, de buena reputación, virtuoso y digno de elogio. Son los grandes valores cristianos que ahora están en alza y que nosotros, desde nuestra insignificancia, nos esforzaremos en vivir y proclamar. Y el Dios de la paz estará con vosotros.

Quizás así nuestra viña dará el fruto que Dios espera de nosotros y se resarcirá de tantos motivos de desencanto.

Escuchemos la palabra de Dios y de nuestra parte démosle los frutos de bondad, de justicia y de paz que tiene derecho a esperar de nosotros y que nuestro mundo necesita.

P. Jaume Sidera, cmf
jsidera@ono.com
 
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