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comentario a las lecturas de la misa
domingo xxv del tiempo ordinario (A)
Aprender a mirar con los ojos de Dios y
amar con el corazón de Dios

Aprender a mirar con buenos ojos. Aprender a mirar con los ojos de Dios y amar con el corazón de Dios. Es una buena lección de la parábola de hoy. De otra forma no la entenderemos.

Es verdad que los caminos del Señor no son nuestros ni sus pensamientos son los nuestros. El evangelio de hoy es una prueba fehaciente. ¿A quién se le ocurre pagar el mismo salario a quienes han trabajado todo el día soportando el bochorno del día que los que sólo han trabajado una hora y cuando la marinada de la tarde ya refrescaba el ambiente? ¡No hay derecho! La respuesta del amo no convencería a ningún sindicalista de los nuestros ni menos a los que están cansados tras una jornada agotadora. ¡No, no hay derecho!

Entonces, ¿qué nos dice Jesús? ¿Me miras de mal ojo porque soy bueno? Si de veras eres bueno a nadie mirarás con malos ojos ni con envidia.

Jesús nos dice, primero, que el Padre celestial no es un empresario que busca por encima de todo que la empresa funcione y produzca beneficios. No, es un buen hombre sensible que comprende que todo el mundo necesita trabajar para vivir y por eso mide las fuerzas y las capacidades de cada uno y los invita a todos a trabajar en su viña según sus capacidades.

Segundo, Dios es Padre y nos ama no porque seamos ricos o pobres, sabios o ignorantes, blancos o negros, jóvenes o viejos, casados ​​o solteros o sacerdotes o políticos, triunfadores o fracasados. No, nos ama porque es Padre y nosotros, todos, todos, todos, somos hijos suyos y como a hijos nos ama y quiere nuestro bien. A partir de cómo uno se sienta amado de Dios, amará al Padre y a los hermanos y ajustará su comportamiento a las exigencias de la condición de hijos. Esto lo entienden muy bien los padres y las madres. Es mi hijo, no me lo toques. Es mi hija, no me digáis como la tengo que tratar.

No pretendamos que Dios se ajuste a nuestros pensamientos. Miremos de ajustarnos nosotros a los suyos. El Evangelio nos muestra cuáles son las preferencias del Padre:

* Los pobres jornaleros que se pasan todo el día plantados esperando que alguien los contrate, los pobres, los marginados, los niños

* De los publicanos y las prostitutas dice Jesús que precederán en el reino de Dios a los santos y los sabios de su tiempo.

* Es escandaloso cómo el padre hace una gran fiesta y mata el ternero cebado cuando viene el hijo menor y llega a casa andrajoso y hecho un desastre mientras que no ha dado ni un mal cabrito al hijo mayor, el bueno y el fiel, para hacer una merienda con sus amigos.

* O es el pastor que deja bien guardadas en el desierto las 99 ovejas y corre angustiado tras la descarriada, y cuando la encuentra se siente más feliz por ella que por las otras noventa y nueve. El hecho de tener 99 de bien guardaditas no lo compensa por el sufrimiento de la única que se desvía.

* Jesús es el maestro observador que asegura que la pobre viuda que echó en la cajita unos céntimos de nada, ha dado más al templo que todos los ricachones que tiraban billetes de 500 ...

Debemos aprender a mirar con los ojos del Padre Celestial que hace salir su sol sobre malos y buenos y hace llover sobre justos y pecadores.
No nos cansemos de repetir el salmo de hoy: El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad. El Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas. Todas las palabras del Señor son fieles, sus obras son obras de amor. El Señor sostiene a los que están a punto de caer, los que han tropezado, él los endereza. Son caminos de bondad, los del Señor, sus obras son obras de amor.

Como hijos muy queridos imitemos a nuestro Padre. Miremos a las personas con sus ojos y amémoslas con su corazón. Entonces comprenderemos que los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.

P. Jaume Sidera, cmf
jsidera@ono.com
 
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