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comentario a las lecturas de la misa
domingo xx del tiempo ordinario (A)
Jesús ve y capta en la fe de la mujer cananea,
la llamada del Padre a actuar

Si nuestros sabios y nuestros santos y los políticos cristianos hubieran leído y entendido la carta a los romanos, no tendríamos que deplorar el antisemitismo y antijudeísmo que tantos y tan horrorosos estragos han causado a lo largo de la historia hasta llegar a la tragedia del holocausto.

¡Y tan claro como lo dice san Pablo! Israel es el pueblo que Dios había escogido como el huerto que el agricultor cultiva amorosamente para plantar lo mejor para la familia y para sembrar la semilla que se extendería a todos los pueblos. Si el Pueblo de Dios no supo encontrar su punto y se negó a aceptar el gran don para todo el mundo que era Jesús, no pierde por ello su vocación primera. Cuando Dios distribuye sus dones o llama a alguien, no se echa atrás. Y sigue siendo verdad que ellos son Israelitas, que Dios los adoptó como hijos y les manifestó sensiblemente su presencia, que hizo las alianzas con ellos, les dio la Ley, el culto auténtico y las promesas; que de ellos son los patriarcas y de ellos proviene, en su humanidad, el Mesías, que es, por encima de toda cosa, Dios bendito por siempre. ¡Amén!

A ellos primeramente fue enviado Jesús. Pero su negativa a reconocerlo nos abrió a todos nosotros el acceso directo a Jesús.

Jesús tenía clara conciencia de lo que significaba Israel, como nos lo muestra el evangelio de hoy. Y la buena mujer cananea ha de sufrir lo indecible hasta «obligar» a Jesús a romper su modelo estricto de su vocación limitada a Israel.

La mujer es un modelo de humildad y de santa picardía para aceptar que sí, que Jesús tiene razón: que su misión, según el proyecto de Dios, es limitada en la tierra de Israel, que no tiene nada que hacer fuera de ese espacio. Ni tiene tampoco porqué hacerlo y arreglar todo. No tiene ningún motivo para hacer caso de las súplicas de la pobre madre que tanto clama en favor de su hija. ¿Que el pan es para los hijos y no se debe echar a los perros? No hay que ser tan sabio para comprenderlo. Pero Jesús tiene que saber también que las migajas que caen de la mesa abundante de los hijos pueden aliviar el hambre de los chuchos. Y Jesús queda pasmado y maravillado de la fe de la mujer.

Jesús ve y capta en la fe de la mujer la llamada del Padre a actuar. Es verdad: No ha llegado aún la hora de dirigirse de lleno a los paganos. Pero ya puede dar una primicia. Y esta primicia es arrancada por la fe insistente de la mujer.

En situaciones límite, cuando parece que el silencio de Dios es impenetrable, no nos cansemos de clamar y de rezar y de pedir... aunque le cansen nuestros clamores... Ensanchando nuestra hambre y nuestro deseo, nos abrimos a la acción misericordiosa de Dios.

Jesús acaba haciendo realidad el programa que preveía el profeta: Los extranjeros que se han adherido al Señor, que se ponen a su servicio por amor de su nombre y quieren ser sus servidores, si se guardan de violar el sábado y se mantienen fieles a mi alianza, los dejaré entrar en la montaña sagrada y celebrar sus fiestas en mi casa de oración; aceptaré en mi altar sus holocaustos y las otras víctimas, para que todos los pueblos llamen a mi templo casa de oración.

Muchas acciones extraordinarias que se han producido en la Iglesia, son fruto de la insistencia de mujeres y hombres de fe que, a pesar de las reticencias de la jerarquía y la oposición frontal de otras personas también muy creyentes, han acabado imponiéndose, y produciendo frutos frondosos de bondad y de transformación. Ellos tenían razón, veían mucho más claro que sus contradictores, con sus ideas tan claras. Y es así como han hecho progresar la Iglesia y la historia.

P. Jaume Sidera, cmf
jsidera@ono.com
 
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