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comentario a las lecturas de la misa
domingo xvi del tiempo ordinario (A)
Tenemos que aprender a convivir con el mal sin dejarnos contagiar

La primera lectura y el salmo son nos buenos comentarios a la parábola de hoy. Fuera de ti, que velas sobre todos, no hay ningún dios a quien hayas de convencer de que tus sentencias son justas. Tú, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira, fiel en el amor.

¡Y qué lección de humanidad! Dios, como poderoso que es, trata a todos con gran respeto. Obrando así, ha enseñado a su pueblo que los justos han de ser humanos con todos, y ha llenado de esperanza a sus hijos, porque les da ocasión de arrepentirse y cambiar de vida.

Es la parábola de la cizaña. Sin prisa por arrancarla. Esperemos a la siega. La aventadora para separar el grano de la paja está en manos de Dios, no en las nuestras. Él criba, Él hace la elección: Él que es compasivo y misericordioso, que ama entrañablemente todo lo que él ha creado y que quiere que todo el mundo se salve y se realice plenamente. Paciencia, pues, y calma. Tenemos que aprender a convivir con el mal sin dejarnos contagiar por él.

Paciencia, pues, y calma. Tenemos que aprender a convivir con el mal sin dejarnos contagiar. La impaciencia de los cristianos por arrancar la cizaña inventó la «santa inquisición» y continúa actuando a través de otras instituciones muy bien intencionadas, pero siempre a punto para arrancar cualquier brizna de herejía real o imaginaria. En perspectiva laica, el ideal de una raza pura, de un superhombre, creó los campos de exterminio nazis, y la ilusión del hombre nuevo, mató a millones de personas consideradas cizaña en los gulags porque se desviaban del ideal propuesto. No sé si aprenderemos nunca.

Para no sucumbir a ciertas desviaciones reales o supuestas, hemos cortado las alas a grandes talentos y grandes personas, y hemos desaprovechado inmensas energías intelectuales, sociales y apostólicas necesarias para sacar adelante la iglesia. Hemos provocado gran sufrimiento y encima hemos sembrado los campos de sal, imposibilitando la penetración del evangelio en muchos lugares. ¡Si hubiéramos tenido presente esta parábola del Señor! En realidad, el evangelio todavía lo tenemos sin estrenar.

Somos impacientes y no somos capaces de comprender las parábolas con que Jesús nos habla. Deberíamos mirar el mundo con los ojos de Jesús: donde sólo vemos trigo y cizaña, donde sólo vemos un insignificante granito de mostaza o el trabajo oculto de la dueña amasando, Jesús atisba la manera de hacer y de actuar de Dios. En la pequeñez de un grano de mostaza, se esconde un dinamismo impresionante de crecimiento. En el puñado de levadura dentro de la masa late una maravillosa capacidad transformadora. Por esto Jesús no se cansa nunca. Esta cizaña de hoy y que consideramos una desgracia esconde quizás un san Pablo de Tarso o un san Agustín de Hipona o un Luther King. Muchos por quienes no habríamos dado cinco céntimos, resultan con el tiempo grandes personas, grandes gobernantes, grandes apóstoles.

Aprendamos del evangelio de hoy a leer e interpretar los «signos de los tiempos» en la naturaleza y en los acontecimientos de la vida, porque es este el lenguaje con que se expresa Dios.

P. Jaume Sidera, cmf
jsidera@ono.com
 
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