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comentario a las lecturas de la misa
domingo xv del tiempo ordinario (A)
La palabra de Dios es eficaz

Parece que hoy resuene –aunque ya estemos en el mes de julio- aquella expresión catalana: Pel juny la falç al puny. En junio la hoz al puño para segar.

Algunos de los aquí presentes tenemos todavía en la retina la imagen del segador que siega y amontona en gavillas el trigo sembrado unos meses antes.

El evangelio recuerda los dos momentos del proceso: la siembra y la cosecha. El sembrador esparce a boleo la semilla. Es todo un arte. La gracia está en esparcir homogéneamente la semilla en todo el espacio preparado sin sembrar dos veces en el mismo sitio y sin que el grano vaya a caer fuera. Pero el sembrador del evangelio tiene poca traza: una parte le en camino, otra en un pedregal, otra entre zarzas… Imaginad la alegría de los pájaros captando los granos al vuelo. Y la pena que da la semilla que nace y crece, pero que el calor la seca. Y la lástima que causa comprobar que las espinas pueden más que unas espigas que tanto prometían. ¡Pobre labrador! Echa a perder media cosecha.  

Pero no se desanima: la mejor parte ha caído en tierra buena, bien labrada y abonada. Ved cómo grana… Un grano de trigo da el 30, 50, 100 por uno. ¡Demasiado y todo! El gozo de la cosecha compensa de sobra todo el trabajo de la siembra y la larga espera del invierno.

Así se comporta la Palabra de Dios. Aparentemente parece que no hace nada. Pero todos los que estamos aquí, somos fruto de aquella palabra que los padres o el sacerdote, maestros y catequistas, y hasta una buena lectura sembraron en nuestro corazón.

No nos cansemos de sembrar. Sembremos todo lo bien que sepamos y podamos. Pero tengamos en cuenta la palabra de san Pablo: Yo planté, Apolo regó. Pero es Dios quién hace crecer. ¡Y con qué generosidad!

Porque la palabra de Dios es eficaz: Dice el Señor: «Así como la lluvia y la nieve caen del cielo y no vuelven, sino que empapan la tierra, la fecundan y la hacen germinar, hasta que da el grano para la siembra y el pan para comer, así será la palabra que sale de mis labios: no volverá infecunda, sin haber hecho lo que yo quería y haber cumplido la misión que yo le había confiado».

Jesús dirá: si el grano de trigo que cae en tierra no muere, queda solo. Pero si muere, da mucho fruto. No pensemos que sea inútil el esfuerzo y el sufrimiento. San Pablo nos ha dicho: Yo creo que los sufrimientos del mundo presente no son nada comparados con la felicidad de la gloria que más tarde se ha de revelar en nosotros. Estos sufrimientos personales, familiares o cósmicos son positivos y fecundos como los dolores de parto.

Esta fe es el fundamento de nuestra esperanza. Es penoso el camino de la libertad. Pero tenemos dentro de nosotros al Espíritu Santo. Sus gemidos y los nuestros nos hacen esperar la hora en que seremos plenamente hijos, en que toda nuestra persona alcance su pleno desarrollo.

P. Jaume Sidera, cmf
jsidera@ono.com
 
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