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comentario a las lecturas de la misa
domingo xiv del tiempo ordinario (A)
El Señor es bueno con todos

Al calor de estos días de verano, las lecturas de hoy son como bocanada de aire fresco que reconforta el alma. Hoy, en vez de homilía, repitámonos los textos que hemos oído.

1.- El Señor es compasivo y benigno, lento a la ira, grande en el amor. El Señor es bueno para con todos, ama entrañablemente todo lo que él ha creado. El Señor sostiene a quienes están a punto de caer, a quienes han tropezado, él los endereza.

Ya lo veis: Dios es todo un Señor y por esto no presume de fuerza ni de prepotencia, porque es AMOR. Cuando llegue su Hijo a este mundo no lo hará montado en un camello ricamente enjaezado ni en un pura sangre, sino en un asnillo, un pollino de una asna cualquiera. Mayor sencillez y proximidad, imposible. Dios es compasivo y benigno. No tiene prisa. Alegrémonos. Dirigirá a todos los puebles palabras de paz, y su dominio se extenderá de un mar al otro, desde el gran río hasta el extremo del país para implantar el reino del amor y de la paz.

2.- El Espíritu Santo vive y habita en vosotros, en el fondo de vuestro corazón. E instalado en el fondo de nosotros mismos, nos empuja a dirigirnos a Dios como Abbà, Padre. Somos hijos, no esclavos. Aprendamos a vivir en la libertad de los hijos de Dios. Ni la muerte nos puede espantar. No tiene la última palabra. El Espíritu que resucitó al Cristo de entre los muertos habita en nosotros y nos resucitará también a nosotros con Él.

3.- Venid a mí todos los que estáis cansados y oprimidos; yo os haré descansar. Estamos cansados y hartos de muchas cosas: el trabajo, la salud, la familia, los hijos, nuestra sociedad… Y además nos sentimos bajo el peso de leyes que quieren regular nuestra vida hasta extremos indecibles, como si fuéramos criaturas o esclavos. Tomad mi yugo y haceos discípulos míos, porque yo soy suave y humilde de corazón, y encontraréis el reposo que anheláis. Mi yugo es llevadero y mi carga ligera: ligera no sólo por su poco peso, sino porque pone en nuestro corazón un motor potentísimo capaz de mover montañas: la fe y el amor.

Escuchemos el grito de alabanza del Corazón de Jesús que alaba al Padre porque, siendo Señor de cielo y tierra, se complace en revelarse a los pequeños y a los humildes. Quienes se creen sabios e inteligentes no son capaces de conocer a Dios Padre, de mantener una relación personal y viva con Él.

Venid a mí todos los cansados y abrumados bajo la carga, y yo os haré descansar...

P. Jaume Sidera, cmf
jsidera@ono.com
 
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