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comentario a las lecturas de la misa
domingo vii del tiempo ordinario (A)
Sed buenos del todo. No os quedéis a medio camino

Hacemos tanto bien que no tenemos tiempo de ser buenos..., leíamos en un comentario de la Misa de cada día. Y es que lo primero que se nos ocurre al pensar en los mandamientos, es calcular qué tenemos que hacer. Pues, no. Jesús nos centra en lo que somos. Sois luz, sois sal. Si lo sois, ya iluminaréis. Ya salaréis. Ya acogeréis como ciudades de refugio.

Jesús nos dice: Sed como el Padre del cielo. ¿Cómo es el Padre? Es Amor y ama a todo el mundo como un padre a sus hijos. Ama entrañablemente todo lo que Él ha creado... Hace llover y hace salir el sol sobre todos: buenos y malos, justos y pecadores…

No tiene ninguna gracia saludar al que me saluda y hacer bien al que me lo hace.

¡Vaya qué gracia! Jesús nos invita a una actitud nueva. El cristiano es llamado a hacer algo más.

Si somos hijos del Padre del cielo, actuaremos como Él. Nada de responder a la violencia con violencia. Cambiar la bofetada por un diálogo civilizado. «Si he hablado mal, dime en qué. Y si he hablado bien, por qué me pegas». No te dejes vencer por el mal. Vence el mal con la abundancia del bien. Es la no-violencia de raíz cristiana. Gandhi se lo tomó al pie de la letra, y sin disparar un tiro, logró la libertad para la India. El camino es más largo, pero es el único que llega a término. O Luther King. O aquel chico que hizo objeción de conciencia durante años al servicio militar obligatorio. Gracias a él, nuestros chicos no hacen la mili si no quieren.

Aprendamos, como Jesús, a mirar a las personas con los ojos de Dios y estimarlas con el corazón de Dios. Si lo hacemos, ya veréis como cambiará nuestro mundo más próximo y por contagio, el más lejano.

El ideal que Jesús nos propone es muy alto: sed perfectos como el Padre Celestial. ¿No será demasiado? Tal vez. Pero Jesús nos dice: No te quedes a medio camino. No te contentes con no matar, no jurar, no adulterar. Da un paso más: respeta la vida, la palabra, el amor con todas sus consecuencias.

Es cierto, es muy alto el ideal que nos marca Jesús. Pero el modelo, el camino para conseguirlo está a nuestro alcance: Haceos como niños si queréis ser hijos del Padre celestial. El niño es una persona en camino, en crecimiento lento pero seguro, que adelanta poco a poco. «Ahora caigo, ahora me levanto». Pero no se desespera nunca porque sabe que el padre y la madre lo quieren. Su «perfección» de niño está en ser «imperfecto», inacabado…, está en hacerse cada día sin desanimarse nunca. A los mayores nos cuesta aceptar que también estamos en camino, que lo normal es ser como somos, pero sin conformarnos con lo que somos, sino tendiendo siempre a lo que como cristianos y como personas podemos ser: mejores hijos de Dios, mejores hermanos con los demás.

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Pequeños y todo, san Pablo nos anima a tener en cuenta nuestra dignidad cristiana: Todo es vuestro, vosotros de Cristo y Cristo de Dios

P. Jaume Sidera, cmf
jsidera@ono.com
 
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