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comentario a las lecturas de la misa
domingo vi del tiempo ordinario (A)
Yo os digo

Hoy que hablamos tanto de valores, encontramos en el Evangelio una buena muestra. Primero nos dice qué somos: Sois la luz del mundo. Sois la sal de la tierra. Sois ciudad de refugio.

Después propone los valores que hacen que la luz ilumine y la sal sale. Propone un criterio general: En toda ley, hay que descubrir su intención, su núcleo esencial sin dejarse atrapar en la telaraña de la casuística. Jesús nos dice: ama a Dios y haz lo que le place. Ama al prójimo: hazle el bien que puedas y evítale cualquier molestia. Ama y obra en consecuencia.

Es así como Jesús evoca los mandamientos y los interpreta.

No matarás. Respeta la vida, respetando y amando a la persona. Quien la ama, no la insulta, ni la desprecia.  El que llega a asesinar a alguien, ya lo ha matado antes afectivamente, cultivando el odio, el desprecio y el insulto.

No podemos llegar peleados a la Eucaristía. Por esto nos damos la paz. Y por esto rezamos el padrenuestro. Perdonános como nosotros perdonamos...

Conviene repetir este mandamiento, ahora que se nos está imponiendo la «cultura de la muerte» de la manera más hipócrita: la ley hace el milagro de que se interrumpa un embarazo, sin interrumpir ninguna vida!!! Se practica la eutanasia... sin matar nadie! ¡No matarás!

«No cometas adulterio. Yo os digo: El que mira a  una mujer con mal deseo, en el fondo del corazón ya ha cometido adulterio». Lo podemos decir de otro modo: respeta el amor: el AMOR, así, CON LETRAS MAYÚSCULAS! Hoy se considera la cosa más normal el adulterio, el divorcio... Hasta parece un mérito y una señal de progresía la infidelidad. Pero Jesús proclama: respeta el amor, respeta a la persona, no la trates como un objeto. El matrimonio es para personas adultas, no un juego de adolescentes inmaduros que consideran al prójimo como un objeto de usar y tirar. La frivolidad ha llegado a unos límites indescriptibles.

Pues, no. Está la voluntad del Creador y la Palabra de Jesús. Los casos concretos, los trataremos con gran amor y respeto. Pero mantengamos vivo el proyecto de Dios, que Jesús proclama.

No rompas el juramento. Pues yo os digo: No jures nunca. Y en forma positiva: Respeta la palabra. Respétate a ti mismo respetando tu palabra.

Malo cuando tengo que jurar. El juramento supone o que tú no crees o que yo no me fío de ti. Además, si no me crees cuando afirmo algo, ¿te fiarás más si añado un juramento? No, hombre, no. Sí cuando es sí, no cuando es no.

Nos podemos alegrar ahora que muchos padres y madres de la patria ya no juran por Dios ni por los evangelios. Ahora juran o prometen «por su honor» o «por su conciencia». ¡Fenomenal!

Me sabe mal cuando se toma el nombre de Dios en vano. Pero casi me sabe peor cuando se profana la palabra humana con la mentira o con falsas promesas que saben que no pueden cumplir. La consecuencia negativa es que ya no nos podemos fiar de nadie.

* * * *

Tienes delante fuego y agua: toma el que tú quieras. El hombre tiene delante la vida y la muere: te darán lo que quieras.

P. Jaume Sidera, cmf
jsidera@ono.com
 
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