Català Castellano
comentario a las lecturas de la misa
domingo v del tiempo ordinario (A)
El hombre justo es luz que apunta en la oscuridad

Vosotros sois la sal de la tierra. Vosotros sois luz del mundo. Vosotros sois como una ciudad edificada sobre una montaña, como la Seu Vella… No os podéis esconder.

La sal tenía en tiempo de Jesús y tiene hoy muchísima importancia. Pensad que una cosa tan normal como salario y asalariado están relacionados con la sal. Salario era la suma que se daba al soldado para comprar sal... Era un bien preciado y escaso. Todos sabemos qué es la sal y para qué sirve. Pues bien, nosotros, los cristianos, somos para el mundo como la sal: conservar los alimentos, preservar de la corrupción, dar sabor a la comida. ¿Cómo seremos, pues, sal de la tierra? Si estamos presentes en ella con la discreción de la sal. Malo cuando hay demasiada. Malo, cuando no hay o hay poca. La gracia de la sal es estar sin que se note.

Sois la luz. El mejor cometario lo tenemos en la primera lectura: «Comparte tu pan con quienes pasan hambre. Acoge en tu casa a los pobres vagabundos; ejerciendo la hospitalidad, la buena acogida al forastero. Vistiendo al que no tiene con qué cubrirse. No intentas hacer caer a nadie… Si haces estallará de luz la oscuridad, y tu atardecer será claro como el mediodía.»

Cuando Jesús proclamaba las bienaventuranzas, anunciaba que había llegado el día para hacer realidad las promesas del profeta Isaías.

Seremos felices cuando, siendo limpios de corazón y bondadosos, compasivos y amantes de la justicia, hacemos felices a los pobres y enjugamos las lágrimas de los que lloran, afligidos, cuando somos para nuestros hermanos, sobre todo los más necesitados, presencia del amor y la misericordia de Dios.

Una ciudad encima de una montaña no se puede esconder. Antiguamente había ciudades de refugio a donde acudían quienes habían causado alguna muerte o algún daño por un accidente imprevisto. Era el derecho de asilo. Mientras vivían en aquellas ciudades, eran inmunes y no se les podía tocar. Seremos sal y luz cuando acojamos generosamente y con sencillez al que se acoge como un recinto seguro y sagrado.

Repitámoslo: Vosotros sois la luz del mundo. Sois sal, sois ciudad de refugio. Que todo el mundo vea vuestras buenas obras y conozca la bondad de Dios y le amen y le den gracias.
Dios es conocido y amado cuando sus hijos e hijas tienen para con el mundo la misma actitud de amor que nuestro Padre. Somos sacramentos –signos visibles- de la cara oculta de Dios.

P. Jaume Sidera, cmf
jsidera@ono.com
 
Agenda
Direcciones y horarios
Servicio de acogida
 

Establecer como página de inicio Añadir a Favoritos Aviso legal
© Copyrigth - Parroquia Sant Antoni Maria Claret, de Lleida - 2008 (Elaborada por voluntarios de la Parroquia)