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comentario a las lecturas de la misa
domingo iv del tiempo ordinario (A)
Bienaventurados los pobres

Jesús se dirige a una multitud de enfermos de todo tipo: endemoniados, epilépticos y paralíticos, cojos y ciegos. Los curaba y así anunciaba el reino de Dios.

A toda esa gente Jesús les dice: Estáis en la pupila de los ojos de nuestro Señor. «Dichosos los pobres y los que lloran, los hambrientos y sedientos, y los perseguidos…»

En el ambiente religioso de Israel, se podía entender bastante bien este lenguaje que evocaba el de los profetas como Sofonías en la lectura primera de hoy. Pobres eran los humildes y sencillos que miran de acomodar su vida a la voluntad de Dios. Por esto no cometen injusticias ni perjudican a nadie ni mienten. Como son tan pacíficos y nada violentos, son víctimas de la opresión o el desprecio de los poderosos. No tienen dónde ni en quién apoyarse. Por esto se refugian en el Señor, que hace justicia a los oprimidos, da pan a quienes tienen hambre y libera a los presos.

Cuando Jesús proclamó las bienaventuranzas, la gente que lo escuchaba, se puso muy contenta porque se sabían los pobres según del corazón de Dios. En cambio, los corintios no se lo creían: tenían una mentalidad y unos valores muy diferentes. No estaban contentos de ellos mismos, porque eran casi todos de extracción humilde. Había también bastantes esclavos. Y pocos podían presumir de grandes estudios. Por esto admiraban y envidiaban a los sabios, a los ricos, a los poderosos, a los de buena posición. No se daban cuenta de que las maravillas que veían con sus ojos en Corinto, eran realizadas precisamente por ellos, tan ignorantes y pobres, sin gran relieve social, sin ningún peso social. Dios los había escogido para destituir a quienes creían ser algo. Porque nadie puede gloriarse ante Dios.

Los corintios no habían entendido el mensaje y el programa de Jesús cuando proclamaba: Dios se dispone a reinar, a intervenir en el mundo. Lo hace tomando descaradamente partido por los pobres y por los que lloran, por los que pasan hambre y por los perseguidos y marginados. Jesús los proclama dichosos no por el hecho de ser pobres, sino precisamente porque Dios se preocupa de ellos para liberarlos de su situación de opresión o de marginación. Dios es Padre de todos y no puede soportar que, mientras unos pocos se levantan hartos de la mesa, una buena parte se ha quedado con hambre y otra gran parte no tiene ni un mendrugo de pan seco para llevarse a la boca ni tiene cuatro guiñapos para hacerse un vestido.

Dios no es neutral. Toma decidida y descaradamente partido por los pobres y por los marginados. Pero Dios no actúa directamente. Por esto Jesús proclama dichosas a las personas compasivas y solidarias, apasionadas por la verdad y la justicia, de corazón limpio y generosas, libres de ambición y de malicia que ponen lo que saben, tienen y pueden a favor de los que ni pueden ni tienen ni saben. Son la mano derecha del Padre que a través de ellas da pan a los hambrientos, enjuga las lágrimas de los afligidos, y ponen esperanza en quienes la han perdido.

Es curioso: todas esas personas compasivas, de corazón limpio y generoso, serán mal vistas, perseguidas y calumniadas. Porque crean mala conciencia a los opresores, a los tiranos y a los egoístas, que se ven cuestionados y condenados porque se aprovechan de la miseria de la gente para engordar su cuenta corriente.

Si sois mal vistos por vuestra fidelidad a Dios y a los hermanos, alegraos y haced fiesta, porque la vuestra recompensa es grande en el cielo.

Este domingo trae un gran consuelo y un buen estímulo a todos los que dedicáis tiempo y recursos en favor de los necesitados, sea a título personal, sea como miembros de Cáritas y otras asociaciones parecidas. Estáis en la línea de Dios. Estáis realizando el programa de Jesús. Sois Jesús que, ahora y aquí, pasa por nuestro pueblo haciendo el bien.

P. Jaume Sidera, cmf
jsidera@ono.com
 
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