Tanto Sofonías como san Pablo nos invitan a la alegría. El Señor está cerca. No os inquietéis por nada. Acudid a la oración, presentad a Dios la acción de gracias.
También el anuncio a Maria es un anuncio gozoso. Y si os fijáis, veréis que el Ave María está bordada sobre las palabras de gozo de Sofonías.
También Juan Bautista, que predicaba un bautismo de conversión, tiene un mensaje profundamente gozoso, alegre, esperanzador. Para agradar a Dios y preparar el camino al Señor no hace falta ir al desierto como los esenios de Qumran o el mismo Bautista, ni vivir con el ay en el corazón por el perfeccionismo imposible de los fariseos, no hace falta hacer largas oraciones ni ayunos austeros. No. La gente -la gente normal como nosotros- tiene la respuesta a Dios al alcance de la mano. Y los publicanos y los soldados no tienen porqué cambiar de oficio. Sólo deben cumplir fiel y lealmente su deber.
Juan dice a todo el mundo: compartid lo que tenéis. El consejo ha arraigado profundamente en la conciencia cristiana y es en estos días de adviento cuando se recalca más. Todo el mundo tiene algo que compartir, cuando menos un momento de compañía o unas palabras amables. Es esto lo que podemos y debemos. Los maratones benéficos de hoy son un eco actual del Bautista en una sociedad presuntamente laica.
Los publicanos lo tenían más crudo: Su trabajo les obligaba a hacer y tocar cosas ritualmente impuras, que les impedía acercarse al culto del templo. Colaboraban con el poder opresor. Eran pecadores públicos y profundamente despreciados y odiados. ¿Deberán dejar el trabajo? No. No tienen porqué. Si la gente quiere sanidad y educación y buenas carreteras... todo el mundo ha de contribuir. Vuestro oficio, publicanos, es tan noble como el de los sacerdotes del Templo. Esto sí: Hacedlo humanamente, no exijáis más de lo que está establecido, nada de extorsionar ni abusar de nadie. Cuando Zaqueo se dio cuenta de esto, ya sabemos qué hizo.
Juan tampoco exige a los soldados que abandonen la milicia. En su tiempo los soldados eran muy mal vistos: colaboraban con el imperio opresivo de Roma. Una cosa no han de hacer: Aprovecharse de las armas para forzar a nadie con amenazas o denuncias falsas. Y han de hacer una cosa tan difícil para militares como para los civiles: contentarse con el sueldo... Casi nada.
¡Qué gran actualidad! Parece que el evangelio de hoy sea escogido expresamente para los problemas que afectan a nuestro mundo: las burbujas bursátiles, la corrupción, el afán inmoderado de lucro, el egoísmo disfrazado de libertad individual, el racismo y la discriminación de las personas que no son como yo.
Hoy el Bautista tal vez diría a los políticos, a la gente de gobierno, a los funcionarios: no abandonéis la política, ni la banca, ni la escuela. Esto sí: buscad y decid la verdad aunque no dé tantos votos. Sed de veras transparentes. Nada de chanchullos para escalar o detentar un poder que no habéis ganado en las urnas o con los méritos propios.
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Jesús no vendrá con la horca de aventar ni con el hacha en la mano. Vendrá con el agua y el Espíritu: la luz, la verdad, el amor. Este es el fuego que quemará la paja y cribará el buen trigo. Es el fuego que deshará la mentira, la vanidad, la frivolidad, la incompetencia y la hipocresía.
La gran noticia de hoy es que otro mundo es posible. Y que todos podemos contribuir a él. En nuestra mano está la solidaridad, el amor, la actitud de servicio. Preparemos los caminos del Señor con las mismas recetas que proclamaba el Bautista. Con la alegría de construir un mundo mejor. |