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comentario a las lecturas de la misa
domingo i de adviento (C)
Vigilad y orad

Adviento significa la venida anunciada de un personaje ilustre. De la venida del gran personaje Jesús se dice también parousía. Esto supone en quienes le aman una actitud de esperanza, una esperanza activa que prepara el camino a quien nos viene a visitar.

En el tiempo de adviento conmemoramos tres venidas o tres aspectos de una única venida: la primera la de los profetas y de los patriarcas y de Juan Baptista. La segunda la confesamos en el Credo: Un día vendrá a juzgar los vives y los muertos... y su reinado no tendrá fin. Entre la primera y la tercera venida estamos nosotros.

Hemos de estar alerta para que no nos pase como a los que esperaban la primera: Esperaban un Mesías hecho a su medida: como un rey conquistador vestido de poder y de majestad, con la pala de aventar y con la hacha en la mano para hacer justicia. Pero vino vestido con el traje de una inmensa parte de la humanidad- acogiendo pecadores y salvando la caña cascada y la mecha humeante, y no lo supieron reconocer.

Estar alerta comporta: no agobiarse por los grandes desastres o de estrellas que caen. No. Para que entre un mundo nuevo, hay que arrinconar el viejo. Jesús nos da dos consejos:

1.- Sobriedad y autodominio: uso moderado de las cosas, ocuparse de los negocios sin preocuparse, con los ojos y el corazón abierto a los hermanos y a los acontecimientos. Saber vivir desprendidos de aquello que la vida o la muerte nos despojará. Fijaos a dónde ha llevado a tanta gente preocupada por acumular riqueza y por los negocios... De repente estalla la burbuja, y... Vemos también muchas manos manchadas de corrupción por un afán inmoderado de bienestar. Se han vendido el alma y el bienestar de millones de personas por nada. Como para pensarlo y ver en estos desastres una llamada de Dios a cambiar de modelos de vida.

2.- Orar: que significa sintonizar con Dios y leer su voluntad en las circunstancias de la vida.

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¿Cómo? Vivamos el adviento construyendo cada día algo del pesebre. Dios pasó siglos y siglos preparando la venida de su Hijo. Los profetas anunciaron lo que Dios esperaba de su pueblo. Juan Baptista preparó los caminos del Señor. María se puso como humilde sirviente a disposición de Dios. José siempre a su lado.

La corona de adviento es una manera de visualizar este tiempo de preparación. El pesebre tiene montañas y estrellas, y ángeles y pastores, y niños y labradores, y un riachuelo y un puente, y unos magos que a lo lejos se preparan para recorrer un largo camino. Y paja y una cuna... y el buey y la mula.

Preparemos el camino al Señor preparando cada figura del pesebre.

P. Jaume Sidera, cmf
jsidera@ono.com
 
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