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comentario a las lecturas de la misa
domingo ii de adviento (b)

Preparad el camino del Señor

Este domingo es muy consolador: lo es primeramente para los israelitas desterrados en Babilonia, a los cuales Ciro permite volver a su tierra. «Consolad, consolad a mi pueblo» dice vuestro Dios. Se acabó la servidumbre, os ha perdonado la culpa.

Isaías ve la vuelta del destierro como un nuevo Éxodo, como la salida de Egipto hacia la tierra prometida a través del desierto. Por tanto hay que abrir nuevos caminos o rectificar y aplanar los antiguos, para que Dios y el pueblo que le sigue tengan un viaje sin tropiezo. Vale la pena, es el camino hacia la libertad.

Juan Bautista hace suyo el mensaje de Isaías y lo aplica al pueblo que acude a escucharlo. Para llegar a la tierra nueva hay que sumergirse en el Jordán, recibir el bautismo, dejar atrás la esclavitud del pecado para conseguir la libertad de los hijos de Dios.

Jesús deja Nazaret y se hace discípulo del Bautista. Y se pone en la fila de los pecadores. Cuando emerge del agua, en que Juan le ha sumergido, Jesús siente el aleteo del Espíritu santo y oye la Palabra amorosa del Padre: Eres mi Hijo, el amado. Estoy muy contento de ti.

En adelante, mientras Juan continúe bautizando, Jesús inaugurará un nuevo bautismo, impregnado de Espíritu Santo. Para entrar en un mundo nuevo, hay que liberarse del antiguo: dejar Egipto, dejar Babilonia i correr el riesgo que toda novedad comporta. Lo hicieron los israelitas, lo hizo Jesús.   

San Pedro dice a los cristianos: Esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva donde reinará la justicia. Este mundo nuevo expresa el proyecto de Dios cuando lo creó: es presentado como el paraíso en el Génesis, y como cielo y tierra nuevos en el Apocalipsis. Las catástrofes que san Pedro describe tan claramente, son las mismas que hemos visto y estamos viendo: Las Torres Gemelas, actos terroristas, la explosión de la burbuja en que vivíamos felices en una falsa seguridad. Son una llamada a fundamentar la vida en el amor, en la verdad, en la justicia, en la libertad, dando de mano a la frivolidad y a la incompetencia, al afán de lucro desmesurado y fácil.

Preparad el camino del Señor. Es la primera invitación de Isaías y de Juan Bautista. También de Pedro. Una invitación a renovar nuestro bautismo – el paso del Jordán!- y escuchar el aleteo del Espíritu santo y la voz del Padre: Eres mi hijo, el amado. Estoy contento de ti.

P. Jaume Sidera, cmf
 
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