Adviento significa advenimiento, venida. En él preparamos la celebración de la primera venida de Jesús: su nacimiento en Belén. Preparamos también su venida definitiva, con que culminará nuestra historia. Y abrimos los ojos y el corazón a la amorosa acogida del Señor en su paso discreto y humilde entre nosotros en el día a día.
Siempre que esperamos a alguien que amamos, nos ponemos en actitud de gozosa alerta para ofrecerle un grato recibimiento y una feliz estancia. ¿Qué haremos si el que viene es el Señor?
Dios preparó amorosamente la venida de su Hijo al mundo. Todo el Antiguo Testamento se orienta hacia él: es una larga preparación. En estos días oiremos la voz de algunos profetas y desfilará ante nuestros ojos la retahíla de los antepasados del Señor: muchos y de todo tipo... Cada uno colaboró a su modo en los planes de Dios. Hasta que el Verbo se hizo uno de nosotros y en medio de nosotros acampó.
Para no hacer esperar al visitante, nos ponemos al acecho... No nos podemos distraer: podría pasar de largo y nosotros sin enterarnos. Israel estuvo siglos esperando al Mesías, y cuando llegó no lo supieron reconocer. Vino a los suyos y los suyos no lo acogieron. Para que no nos ocurra lo mismo, abrimos el corazón a la esperanza y los ojos a la realidad presente, porque Jesús viene disfrazado....
La actitud de adviento se hace oración. Releamos la primera lectura de hoy. Es una plegaria preciosa.
*Expresa confianza: Señor, tú eres nuestro Padre... desde siempre eres nuestro redentor
*Hay diálogo: Si eres Padre, Señor ¿por qué haces que nos desviemos de tus caminos?
*Hay arrepentimiento: Estamos como si tú nunca nos hubieras gobernado, como si nunca hubiéramos llevado tu nombre.
*Hay un ardiente deseo: ¡Ojalá rasgaras el cielo y bajaras!
*Hay la seguridad absoluta de que estamos en buenas manos: Señor, tú eres nuestro padre; nosotros somos el barro, tú nuestro alfarero; ¡todos fuimos hechos por ti!
Es la misma confianza de san Pablo en los cristianos de Corinto:Dios os ha dispensado en Cristo gran riqueza espiritual, tanto de palabra como de conocimiento. No os falta ningún don de Dios mientras esperáis el día en que aparezca nuestro Señor Jesucristo. Dios os mantendrá firmes hasta el fin.
En este clima de gozosa esperanza, escuchamos la buena noticia –el Evangelio- de san Marcos: Vigilad porque no conocéis el momento decisivo. El momento decisivo puede ser ahora mismo. Pensad que Jesús viene disfrazado de pobre, desnudo, hambriento, enfermo, preso, de amigo o de enemigo... Si esperamos un Jesús glorioso y maravilloso, hecho a nuestra medida, nos podemos quedar sin el Jesús que se nos hace presente a «su» medida: tan pequeño como el pan de la Eucaristía, tan sutil como la palabra que leemos y proclamamos, tan sensible y palpable como un peatón o un pordiosero cualquiera. Lo que hacíais con uno de estos pequeñuelos, conmigo lo hacíais. El Adviento es un buen tiempo para adecuar nuestra pupila a la luz de Jesús. |