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comentario a las lecturas de la misa
domingo i de adviento (b)

Estar a punto para abrirle la puerta cuando llegue

Un año más nos encontramos ante el Adviento: tiempo de esperanza y de preparación de caminos. Este primer domingo nos encara con el futuro más o menos lejano, que vamos preparando con nuestras actitudes.

San Marcos habla de la destrucción del templo de Jerusalén. A los discípulos les preocupa cómo y cuándo será. Y como el templo es el centro de la vida de Israel, si el templo se derrumba, el mundo entero se desmorona. Jesús habla de las señales que precederán a este evento. Y recomienda tres actitudes:

1. DISCERNIMIENTO: ante los conflictos de todo tipo, políticos, sociales, religiosos, laborales, tenemos que saber separar el trigo de la paja. Situaciones de conflicto son una llamada a superarnos superándolas. Por eso conviene estar muy atentos para captar qué nos quiere decir Dios a través de la historia que vivimos.

2. Mantener viva la ESPERANZA. Una esperanza activa, que con paciencia y amor, prepara el camino a la venida del Señor. Esperarlo no según nuestras expectativas, sino según él viene. En Belén. En la cruz. Hoy mismo: tenía hambre, tenía sed.

3. Ahora y aquí: ¡VELAR! ¡ALERTA! El Señor vendrá, pero no sabemos cuándo, ni cómo ni dónde. Por lo tanto, ¡alerta! Con confianza: tras el frío del invierno se vislumbra una nueva primavera. Mirad la higuera. Los brotes verdes nos anuncian una etapa nueva y gozosa. El símil de la higuera nos habla de una manera positiva de mirar el presente. El símil del hombre que se va y vuelve, nos lo dice de otra manera. Como no sabemos el cuándo ni el cómo, tenemos que hacer como el portero: estar a punto para abrirle la puerta en cuanto llegue. Dios, aunque lo pueda parecer, no es un Dios ocasional, que ahora está, ahora no está. No, está siempre con nosotros. Es EMMANUEL! Y sin embargo es SORPRENDENTE. Porque parece que le guste esconderse en la cotidianidad. Y es en la cotidianidad donde lo debemos descubrir y recibir. En casa, en el trabajo, en la iglesia, tratando de hacer el trabajo bien hecho. No debemos esperar ninguna venida espectacular.

Por lo tanto, ni adormecerse ni dormir ni desentendernos del mundo, de la familia, de los demás con pretextos de la clase que sean. Nada de evadirse a un mundo feliz que acaba drogándonos, alejándonos de la realidad y deshumanizándonos. Debemos encontrar a Jesús en el prójimo, que es el sacramento, el signo vivo y eficaz, de la presencia de Jesús.

San Pablo estaba muy contento de los cristianos de Corinto: eran sabios y se sabían expresar y dar razón de su esperanza. Dios es fiel, y es él quien os ha llamado a vivir en comunión con su Hijo Jesucristo.

Isaías nos insta a orar: en situaciones de angustia y de desconfianza, acudir al Señor, abriendo el corazón a la confianza: Tú, Señor, eres nuestro padre, nuestro redentor. Señor, ¿por qué nos desviamos de tus caminos, que nuestros corazones se empeñen en no creer en ti? Pero en medio de todo, Señor, eres nuestro padre, nosotros somos la arcilla y tú el alfarero, todos somos obra de sus manos. ¡Ojalá rasgases el cielo y bajases, si ante ti derritiendo los montes.

P. Jaume Sidera, cmf
jsidera@ono.com

 
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