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comentario a las lecturas de la misa
domingo IV de adviento (A)
En el belén nos pondremos sobre todo a nosotros mismos

Ya estamos cerca de Navidad. Si nosotros la preparamos durante el adviento, el Padre celestial la preparó amorosamente desde toda la eternidad. Formó el mundo como un inmenso belén y, a lo largo de los siglos, fue colocando las figuras. Hoy nos presenta a Isaías con el Rey Acaz, como más adelante encarará a los magos con Herodes.

Acaz tiene miedo de perder el trono y la estirpe por las intrigas de los reyes forasteros, que quieren imponer a Judá un rey de una dinastía no davídica. Isaías le dice que no tenga miedo. Los reyes de Damasco y de Israel no se saldrán con la suya. Que pida una señal, si quiere.

¿No la quieres? Pues Dios mismo te la dará. En tu mismo palacio la muchacha encinta te dará un hijo que será la señal de que Dios está con su pueblo: por esto se llamará por Emmanuel. Más adelante Isaías pintará con vivos colores las excelencias de este niño, Ezequías.

La señal se realizó, pero el germen de David no respondió a los vivos colores con que el profeta lo pintaba. Por esto, las palabras de Isaías fueron leídas y releídas, y proyectadas hacia el futuro.

Hoy el evangelio nos las presenta realizadas en José y Maria, las figuras más importantes del pesebre. El Emmanuel necesita una madre –Maria- que lo acoja en su seno; y un padre que le dé el nombre y lo inscriba en la genealogía de David. Es José. Mateo nos lo presenta como el último eslabón de la larga cadena que viene desde Adán hasta él. José es hijo de David. Y es el esposo legal de Maria de la cual nació Jesús, el llamado el Mesías.

José es descendiente de David. Es un artesano trabajador y perito en su oficio, que se gana la vida honradamente. Es justo: atento a la voz de Dios y abierto a las necesidades de los demás. Amigo de pocas palabras. Ama el silencio fecundo de la reflexión y de la oración. De pronto lo sacude un suceso inesperado. Ante el misterio que no comprende, se quiere retirar. No se puede apropiar de algo que no es suyo. Sufre, calla, reza... y duerme. Lo consulta con la almohada. Y en sueños recibe la respuesta de parte de Dios: José, eres descendiente de David. Acoge sin miedo a la Madre y al hijo que te trae. Te los confío. El Espíritu Santo ha empezado la obra y a ti te toca llevarla a cabo. Gracias a ti, el niño será inscrito en la larga lista de hijos de David y será su heredero legítimo. Y le pondrás el nombre, un nombre muy bonito: Jesús, porque Él salvará al pueblo de sus pecados. Lo que oprime y estrangula al pueblo y a nosotros, no es el tirano Herodes o el César de turno, sino nuestra avaricia, nuestro egoísmo. De esto nos liberará Jesús. ¿No te recuerdas, José de lo que dijo Isaías a Acaz? Mira, la virgen concebirá y dará a luz un hijo y lo llamarán Emmanuel, es decir: Dios-con-nosotros. Ánimo, José, gracias a ti sentiremos todos más cercana la presencia del Señor: Emmanuel, Dios con nosotros. Y la presencia será amable y tierna como la de un niño en brazos de su madre.

Ya tenemos las grandes figuras del belén. En el belén hay de todo. No nos descuidemos de lo principal: José, Maria y el Niño Jesús. Pondremos también montañas y un río de papel de plata, y casas y ovejas y pastores, y una pareja de bueyes arando, y ángeles, y el pescador con caña, y el cazador, y la lavandera y el panadero y el herrero... algún patito y unas gallinas. Y los reyes que vienen de lejos. Pondremos en un rinconcito discreto al que devuelve a la tierra lo que de la tierra tomó. Y nos pondremos sobre todo a nosotros mismos, a la familia entera. La Navidad es una escuela de humanidad. Preparémonos a ella sencillamente y con alegría; viviendo nuestra vida cristiana haciéndola más humana; hagamos más humana la vida, haciéndola más humildemente cristiana.

Como cristianos de Balàfia os deseo lo que Pablo deseaba a los cristianos de Roma: A los cristianos de Roma, amados de Dios, llamados a serle consagrados, os deseo la gracia y la paz de Dios, Padre nuestro, y de Jesucristo, el Señor. Dios os ama entrañablemente y os llama a ser miembros de su pueblo. Que Dios, nuestro Padre y Jesucristo, el Señor, os den su amor y su paz.

P. Jaume Sidera, cmf
jsidera@ono.com
 
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