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comentario a las lecturas de la misa
domingo Ii de adviento (A)
Esperar lo que Dios nos promete, no lo que nosotros esperamos

El Papa Benedicto XVI acaba de publicar un documento Verbum Domini sobre la Biblia. ¿Por qué es tan importante la Biblia? Nos lo dice San Pablo: Todos estos escritos de la antigüedad, han sido escritos para nuestra instrucción: así, gracias a la constancia y el coraje que dan las Escrituras, podemos mantener firme la esperanza.

Mirad cómo mantiene viva nuestra esperanza la profecía de Isaías: un retoño maravilloso sale del tronco medio muerto de Jesé. Cuando parecía que todo se había acabado, surge de repente un descendiente de David, que tendrá la fuerza y la valentía de su padre, la sabiduría de Salomón, y la profunda reverencia y obediencia al Señor de los Patriarcas Abraham, Isaac y Jacob. Este retoño de David implantará la justicia poniéndose descaradamente a favor de los desvalidos y de los pobres del país. Se apiadará de los pobres y de los débiles, los salvará de la muerte. Restablecerá la paz del hombre con la naturaleza, realizando el proyecto de Dios. Isaías lo describe de una manera hermosa y utópica: El lobo convivirá con el cordero, la pantera se tumbará con el cabrito, pacerán juntos el ternero y el león, y un niño pequeño los guiará.

Esta descripción poética suscitaba en el pueblo oprimido la esperanza de un libertador poderoso y eficaz que pondría las cosas en su sitio aunque fuera empleando la violencia. Joan Baptista, vestido como Elías y con su aliento profético, viene a preparar el camino del Mesías, promoviendo un cambio de mentalidad y de expectativas, una conversión que nos haga esperar lo que Dios nos promete, no lo que nosotros esperamos. Dios se dispone a reinar, a intervenir en la historia humana, pero no como nosotros lo soñamos, sino según su proyecto de amor.

Ante esta propuesta, caben dos respuestas. 1) La gente sencilla y abierta de corazón responde al llamamiento del Baptista reconociendo sus deficiencias y pecados y haciéndose zambullir en el río Jordán, dispuesta a andar por el nuevo camino de la salvación: dejarse amar de Dios y aprender a amar a los demás.

2) Hay gente de otro tipo: personas muy seguras de ellas mismas, que ya saben dónde tienen la mano derecha y la mano izquierda y no necesitan que nadie les enseñe nada. Eran los fariseos -gente santa- y los saduceos -gente influyente en el Templo y en la sociedad-. Están más atentos a cazar a Juan en alguna palabra de más que pueda decir, que a convertirse. Se creen los únicos hijos de Abraham, muy por encima de la plebe que se hace bautizar y necesita convertirse. ¿Qué haría Dios sin ellos?

Es terrible la energía con que Juan carga contra ellos: Pues, no. Fariseos y saduceos, los dirigentes del pueblo no son siquiera hijos de Abraham, sino una raza de víboras, de la misma raza de la serpiente que engañó a Adán i Eva en el paraíso. Son gente de muchas palabras y de pocos hechos. Son árboles de mucha hojarasca y pocos frutos. ¡Alerta, pues! El hacha apunta a su raíz. Dios no los necesita. Dios puede procurarse hijos de Abraham hasta de las mismas piedras.

El bautismo de Juan es de agua. Prepara el camino al Fuerte y al Poderoso que viene detrás de él. El centro no es Juan, sino Jesús, el Mesías y el Profeta. A pesar de su insignificancia aparente, «el que viene» es tan importante, que Juan se consideraría más que honrado si pudiera desatarle la correa de sus sandalias, que era un trabajo propio de esclavos.

Juan habla de un bautismo de fuego. El fuego del Espíritu Santo. El fuego quema la paja y purifica el oro. No hay que tenerle miedo. Lo que importa es amar la verdad y aprovechar el llamamiento de Joan para preparar el camino del Señor. Reconocer nuestras deficiencias y pecados, agradecer a Dios el bien que podemos hacer y renovar nuestro bautismo preparando así el camino al Señor

* * * * *

Dios, que es quien da constancia y consuelo, os ayude a vivir en armonía unos con otros, conforme al ejemplo de Cristo Jesús, para que todos juntos, a una sola voz, alabéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.

P. Jaume Sidera, cmf
jsidera@ono.com
 
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