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comentario a las lecturas de la misa
domingo i de adviento (A)
Adviento es tiempo de una esperanza activa

Empieza el adviento, un tiempo muy bueno para renovar nuestra esperanza en el Señor que tiene que completar en nosotros su obra: la obra que el AT anunció, se inició con el anuncio del arcángel a María y culminará cuando todo haya sido sometido bajo sus pies.

Nos preparamos para la venida de Jesús que tiene diversos aspectos: Belén, la Resurrección, su Mensaje. Hoy por hoy la que más nos golpea, es su llegada en Navidad.

Isaías nos invita hoy: venid, caminemos a la luz del Señor. Una luz que nos guía hacia la montaña simbólica donde el Señor ha fijado su estancia: afluye gente de todas partes, hambrienta no de pan, sino de palabra, para aprender sus caminos, que son caminos de paz. Que de una vez por todas aprendamos a forjar rejas de las espadas y hoces de las lanzas. ¡Qué bueno si, en la proximidad de la Navidad, todas las naciones, grandes y pequeñas dedicaran a hacer obra social y constructiva todo el capital enorme que gastan en armas de destrucción y de muerte! Que en vez de entrenarse a hacer la guerra, se empeñaran en crear puentes de paz y de progreso.

San Pablo, que resume los mandamientos en el amor al prójimo, exhorta a revestirnos de Jesús, caminar como Él en la luz y ser luminosos como Él. San Agustín, cuando se debatía en una fuerte lucha interna por cambiar de vida, oyó la voz de unos niños que decía: Tolle, lege, tolle lege: coge y lee. Alargó la mano a las cartas de san Pablo y leyó las palabras que hemos escuchado hoy: Comportémonos dignamente como a pleno día. Revistámonos del Señor Jesucristo. Y se sintió animado a cambiar de vida.

El Adviento nos invita a amarnos mutuamente y superar todo aquello que se disfraza de mentira mientras destruye a la persona y las relaciones humanas. Tenemos que ir por la vida vestidos de Jesús, sencillo y pobre en Belén, amigo de los pobres y los humildes toda su vida.

El evangelio nos dice que Jesús, que siempre está en camino, se presentará un día cualquiera. Mientras nos despistamos esperando un tiempo lejano y glorioso que Jesús se revele al mundo, no nos damos cuenta de que él se encuentra aquí, entre nosotros. En la Eucaristía y los otros sacramentos. Y en el hermano: tenía hambre, tenía sed, estaba enfermo, en la cárcel… ¿Cuándo? Siempre que lo hacíais a uno de estos hermanos míos tan pequeños, me lo hacíais a mí. Como en los días de Noé. La gente hacía como ahora, nacía y moría, se casaba y se descasaba, comía y bebía... Vino un tsunami o un terremoto o el estallido de una burbuja inmobiliaria y...

Si mientras vivían honestamente, se hubieran dedicado a construir una buena base social o económica o familiar...

Jesús nos viene a decir, que el tiempo que nos toca vivir, es un tiempo para preparar las lámparas haciendo provisión de aceite o de pilas y a hacer rendir las cualidades que Dios nos ha dado en favor de los otros y al servicio de Dios.

En resumidas cuentas, la actitud de adviento es tiempo de una esperanza activa: poniendo de parte nuestra todo lo que somos y tenemos en hacer obra de paz, en crear las condiciones de paz.

Es tiempo de estar despiertos dejando atrás la mentira, el odio, las riñas, el abuso de comida, de bebidas, de sexo, de drogas. Es tiempo de revestirnos de Jesús: de su amor al Padre y a los hombres. Y un tiempo de estar alerta, porque mientras soñamos en unos triunfos futuros, no cerremos los ojos a las personas que tenemos cerca y que son sacramentos de Jesús, tan sacramentos de Jesús como el pan y el vino de la Eucaristía.

Como Juan Bautista, como Isaías, como María Santísima.

P. Jaume Sidera, cmf
jsidera@ono.com
 
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