Antes, este domingo se llamaba in albis, porque hoy los que habían recibido el bautismo en la vigilia pascual, abandonaban el vestido blanco que aquel día recibieron y se incorporaban de lleno a la vida normal. También era costumbre en este domingo llevar solemnemente la comunión a los enfermos de la parroquia. Por esto en catalán se le llamaba domingo de pasqüetes.
Una lectura atenta del evangelio de hoy nos pone ante los ojos los frutos espléndidos de la resurrección de Jesús:
1. Con la resurrección, Jesús rompe las barreras de tiempo y espacio y se puede comunicar con los suyos sin que nada ni nadie se lo pueda impedir. De nada sirven las puertas y ventanas cerradas y atrancadas. Porque donde se hallen dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. (Mt 18, 20)
2. Jesús les comunica la paz, es decir, salud, justicia, salvación, reconciliación... Mi paz os dejo, mi paz os doy. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde. (Jn 14,27)
3. Les mostró las manos y el costado: el Resucitado es el mismo que fue crucificado, pero ahora sus heridas gloriosas son como el memorial del amor que Jesús nos tiene.
4. Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Después del trance terrible de los días de la Pasión, comprenden lo que Jesús les decía el jueves santo: Os volveré a ver y vuestro corazón se alegrará. Y nadie os podrá arrebatar esta alegría. (Jn 16, 22)
5. Jesús les confía una misión, su misma misión: Como el Padre me ha enviado, también os envío yo. Vosotros continuaréis la obra que yo he iniciado.
6. El Espíritu Santo es el gran regalo de Pascua. ¡Recibid el Espíritu Santo! Al decir estas palabras, Jesús alentó sobre ellos. Mirad, les dice, la misión que os confío es difícil. Pero no estáis solos. Desde el día de pascua los cristianos se hacen espirituales, es decir, animados del mismo Espíritu de Jesús resucitado y con su misma energía salvadora.
7. El perdón de los pecados... El perdón de los pecados es el fruto sabroso de la Resurrección del Señor. ¿Nos hemos mirado alguna vez el sacramento de la reconciliación a la luz de la Pascua?
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Tomás no estaba aquel día con los otros discípulos. Iba a la suya y se quedó sin la experiencia gozosa de los demás discípulos: ¡¡¡Hemos visto al Señor!!!
Tomás se hace el incrédulo y pone unas condiciones extrañas para creer... Quiere saber la verdad. Más que dudar, Tomás busca... Pero ha de buscar a Jesús donde Jesús está: en la comunidad, en la humildad de una celebración dominical. Y cuando tiene a Jesús delante, se le rinde y pronuncia la mayor confesión de fe que jamás se haya pronunciado: Jesús de Nazaret, muerto y resucitado, es Señor y Dios. ¡Señor mío y Dios mío!
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¡Dichosos vosotros que creéis sin haber visto!
Para desvelar nuestra fe, san Juan escribió en su evangelio una selección de los signos o milagros de Jesús que nos lleven a creer que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios vivo, para que creyendo, tengáis vida por Él. |