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comentario a las lecturas de la misa
vigilia pascual (a)

El bautismo es la manera cómo nosotros participamos de la muerte y resurrección del Señor. Por eso la vigilia pascual gira entorno al bautismo.

Los cristianos adultos que recibían el bautismo por inmersión lo veían muy claro:

Todos los que por el bautismo hemos sido sumergidos en Cristo Jesús, hemos sido sumergidos para compartir la muerte. Eso quiere decir que el agua bautismal nos ha sepultado con Él porque compartimos la muerte. De esta forma, tal como Cristo fue resucitado de entre los muertos por una intervención manifiesta del Padre, así también nosotros nos tenemos que comportar según las exigencias de una vida nueva.

Cuando descendían en la pila bautismal, aquellos a quienes se hacían bautizar tenían la impresión que bajaban al sepulcro con Cristo y morían con él. Cuando salían, tomaban conciencia que resucitaban con Él.

Para entrar en la piscina, dejaban los vestidos de cada día: decían adiós a la vida pasada. Renunciaban a Satanás, al egoísmo, al pecado.

Se zambullían tres veces en el agua mientras hacian la profesión de fe en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Al salir, eran ungidos, con el don del Espíritu que les hacía sacerdotes, profetas y reyes como Jesucristo, el Ungido supremo, el Mesías. Recordad que Cristo quiere decir Ungido. Cristiano es el que recibe la misma «unción» de Jesús.

Y se ponían un vestido blanco, símbolo de la nueva vida.

Recibían un cirio: «Sois luz en el Señor».

Y hechos ya hijos de Dios, decían juntos el Padre nuestro.      

***

Hoy renovaré mi bautismo con todos mis hermanos cristianos. Yo era muy niño cuando lo recibí. El cura me echó en la cabeza un chorro de agua en mi cabecita ... Por eso, tengo la cabeza bastante centrada, sé muchas cosas: soy hijo de Dios, miembro de la Iglesia, solidario con todo el mundo... En mi cabeza todo cuadra... Pero me parece que el agua que bañó mi cabeza, no acaba de bañarme las manos, y el corazón, y los pies... Es como si el día de mi bautismo el agua no hubiera llegado ...

Soy cristiano de nombre, no siempre de hechos. Por eso, en la vigilia pascual de cada año renuevo mi bautismo y las promesas bautismales. Espero que poco a poco, un año tras otro, el agua bautismal me vaya revistiendo de Cristo de arriba abajo, hasta que Jesús haga de mí un sacramento, un signo visible, de su presencia. Es bien cierto, en mí Jesús continúa pasando por el mundo haciendo el bien.

BUENA PASCUA. ALELUYA.

P. Jaume Sidera, cmf
 
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