Hoy veremos el entorno de Jesús: discípulos, círculo familiar, vecinos, conocidos, saludados... Con cada grupo Jesús mantiene una relación distinta y en cada conversación destila una perla preciosa. Después de una lectura reposada, quedémonos con alguna chispita de luz.
-Tu amigo está enfermo, le comunican Marta y María a Jesús... Sus palabras se parecen a las de María en Caná: No tienen vino... Basta con que Jesús lo sepa: Él sabe lo que ha de hacer.
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- Nuestro amigo Lázaro duerme, dice Jesús.
- Si duerme, ya se curara, responden los discípulos...
Con Jesús, la muerte ya no tiene la última palabra. Es un sueño. Un tiempo de espera. Por esto los cristianos llamamos cementerio el lugar donde depositamos a los difuntos. Cementerio significa dormitorio. Hoy se generaliza la palabra tanatorio = mortuorio... Deja muy poco espacio para la esperanza.
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- Yo soy la resurrección y la vida. El que vive creyendo en mi, no morirá jamás. ¿Lo crees, Marta?
- Sí, Señor, yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo, el que viene al mundo.
¡Qué profesión de fe, la de Marta! Es la misma fe de Pedro, exactamente la misma. Sobre la fe de Pedro y de Marta se asienta esto que llamamos Iglesia. Con esta fe profesamos: Creo en la resurrección de los muertos y en la vida eterna.
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El Maestro está aquí y te llama, María.
Y María sale de la inmovilidad en que la tenía paralizada la muerte de su hermano. Y corre hacia Jesús. Ella llora, la gente llora y Jesús rompe a llorar. Las lágrimas son la mejor compañía en las grandes horas de dolor...
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- ¡Lázaro, sal fuera!
Y Lázaro sale con todas las vendas que lo tenían atado. ¡Desatadlo, dejadlo andar!
Al resucitar, Jesús dejó la sábana y el sudario en el sepulcro. Salió libre y libertador. Por esto nos invita a liberarnos y a liberar a los demás de las ataduras que no nos dejan ni dejan a los demás ser todo aquello que pueden ser. |