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comentario a las lecturas de la misa
domingo iii de Cuaresma (a)
¿Para qué sirve la sed?

La samaritana domina el panorama de este domingo. Es una mujer sedienta, sedienta        

*de agua

*de amor,

*de saber…

Sin saberlo, tiene una gran sed de Dios. Como tú y como yo, ¿no? Dicen que el problema no es para qué sirve el agua, sino para qué sirve la sed...

La sed de agua la lleva cada día al pozo de Jacob. Pero aquel día, un hombre sentado a la sombra, le dice: “Dame de beber”... ¿Tú, judío, me pides agua a mí, que soy mujer y samaritana? Y pasan del agua del pozo al agua viva que aquel hombre, al parecer mayor que el patriarca Jacob, parece poseer: un agua que mana hasta la vida eterna... Párate un momento y repite: “¿TÚ me pides mi agua a MÍ?... Dame esa agua tuya”... ¡Qué oración más linda!

La sed de amor le ha hecho merodear de acá para allá buscando estabilidad afectiva... En vano: no la ha encontrado. El sexto marido, el que ahora tiene, es tan frívolo como los anteriores... Jesús constata el hecho, no hurga en la herida. La mujer lo entiende y lo agradece. Y abre los ojos: tiene ante sí un profeta.

Y lo aprovecha para satisfacer su sed de saber: dónde y cómo hay que adorar a Dios...

Jesús le viene a decir: Como Dios es Padre, hay que adorarlo con espíritu de hijo, impulsados por el Espíritu y de acuerdo con lo que Jesús nos revela cuando pone en nuestros labios el Padre nuestro... Donde hay un hijo de Dios, hay un adorador de Dios y un templo de Dios.  Ya no hacer falta el templo de Garizín ni el de Jerusalén, ni ningún otro. Los cristianos se reunirán en torno de Jesús resucitado, presente en cada grupo de cristiano.

Ara sabemos quién es la mujer: samaritana, con una vida algo más que complicada, cansada de tanto ir y venir al pozo cada día... pero atenta.

Quién es Jesús: un judío, cansado del viaje, sediento... y a la vez portador de agua viva, mayor que Jacob, profeta, revelador del amor del Padre. ¿Será el Mesías?

Los  samaritanos, y nosotros con ellos, se acercan a Jesús, primero por el testimonio de la Samaritana. Cuando lo encuentran y lo tratan personalmente, proclaman que Jesús es verdaderamente el Salvador del mundo: no sólo de judíos y samaritanos, sino de cualquiera que se deje cautivar por él, sea de donde sea.

P. Jaume Sidera, cmf
 
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