Ahora toca convertirnos!!! ¿Pero de qué y ¿cómo? Nos podemos
«convertir».
*De malos en buenos, cómo vemos en la parábola del hijo pródigo
*También nos podemos convertir de bueno en bueno: Jesús se convirtió de ser buen carpintero a predicador del Reino de Dios.
*Y también me puedo convertir de bueno a mejor: puedo poner más calidad y más amor y más alegría en aquello que hago cada día.
El evangelio del miércoles de ceniza me propone tres campos de «conversión» que se reducen a uno: poner a punto los canales de comunicación con los otros, con Dios, con las cosas, mediante el ayuno, la limosna y la plegaria.
La limosna la hacemos de entrada a los necesitados... pero los necesitados son todos aquéllos que necesitan el respeto, mi estimación, mi gozo, mi buen día, mi afecto, mi ternura... Haz al otro aquello que querrías que te hicieran a ti... Pero con mucha discreción: que no sepa la mano derecha lo que hace la izquierda.
La plegaria como expresión de mi relación filial con Dios que vive dentro de mí... Y con eso mejorar mi participación en la eucaristía, en la oración comunitaria, con el gozo de vivir bajo su mirada paternal: Yo me mantengo en una paz tranquila como un niño en el regazo de la madre. (Sl 131)
El ayuno: privarme de aquello que no necesito en la comida, en el beber, en el ocio... para poder atender las necesidades de los otros y respetar la ecología. Las cosas están al servicio de las personas, no yo al servicio de las cosas.
Y eso con alegría. Un cristiano triste es un triste cristiano.
Que la cuaresma sea un camino de libertad. Que cuando lleguemos al día de Pascua, tengamos delante del Padre una actitud más filial, con los hermanos una actitud abierta y generosa, hacia las cosas un uso más razonable y humano. |