Domingo II de Cuaresma

Ciclo y fecha
Cicle: 
C
Temps: 
Cuaresma
Data : 
Domingo, 17 Marzo 2019
No nos dejes caer en la tentación de la incredulidad

Señor, abre nuestros corazones
para que podamos percibir
la grandeza de cada detalle de la vida,

El sentido oculto de los acontecimientos,
el significado profundo de lo que nos sucede.

Muéstranos el camino para subir a la montaña
desde donde poder contemplar
el paisaje de nuestra historia
y captar su belleza
al comprobar que todo tiene su lugar.

Enséñanos a despegar nuestros pensamientos
y no caer en la mediocridad
que impregna con tonos grises nuestros días.

Ayúdanos a sumergirnos en la profundidad
del océano de la existencia,
para poder contemplar la orilla
desde mar adentro.

Revélanos quién eres
aunque nuestro entendimiento
sea demasiado limitado para omprenderlo.

No nos dejes caer
en la tentación de la incredulidad
ni en la seducción de los espejismos maravillosos.

Transfigúrate ante nosotros
para que después seamos capaces de descubrirte
escondido en cada latido del corazón humano.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
Que nos dejemos iluminar por tu presencia salvadora

Señor y Dios nuestro,
con la plegaria del salmo te pedimos
que nos dejemos iluminar
por tu presencia salvadora
para que aprendamos a superar el miedo:
el miedo a obedecer tu palabra
que invita a recorrer el camino de la fe;
el miedo a escuchar y a seguir
a tu Hijo Jesús,
que invita a entregar la vida
haciéndose servidos de los demás.

Señor y Dios nuestro,
sólo nos das una certeza:
que tu amor y tu bondad
nunca fallan.

Que esta certeza sea
el fundamento más sólido
de nuestra vida y nuestro quehacer,
la razón de nuestra alegría
y la causa de nuestra esperanza;
la fuerza en nuestras dificultades
y el motivo de nuestra acción de gracias
por los pasos que, con tu ayuda,
vamos dando.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
Que sepamos encontrar momentos para estar contigo a solas, Señor

Señor, en el Tabor, Pedro, Santiago y Juan
tomaron conciencia de tu divinidad
y fue para ellos la confirmación de su fe en Ti.
Todos necesitamos
estos momentos de Tabor, Señor.
Ayúdanos a encontrarte en la Eucaristía.

Señor, sentimos a menudo la tentación
de quedarnos en nuestro mundo,
en nuestra paz,
en nuestro silencio o nuestra rutina.
Empújanos, Señor, y haznos bajar e implicarnos
en las necesidades de los que nos rodean.

Que sepamos encontrar momentos
para estar contigo a solas, Señor.
Que no nos dejemos arrastrar
por el activismo o por las mil reuniones
que ocupan nuestro espacio vital.
Antes de iniciar cada nueva acción
queremos encomendarnos a Ti.
Será un tiempo de Tabor muy breve,
pero nos ayudará a ver la ruta
y el sendero de nuestro quehacer quotidiano.

Señor, la visión de Moisés y Elías se desvaneció.
También Tú a veces pareces ausente.
Sabemos que estás a nuestro lado
y que quieres que vivamos nuestra fe
de manera adulta.
Aumenta nuestra fe. 

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
Subir al Tabor y volver al llano

Jesús, Señor,
cruzando los caminos de Galilea
habías anunciado a tus discípulos,
el fin que te esperaba.
Pero ellos no entendieron.
Les invitas a subir al Tabor
para ver con sus propios ojos
lo que será la plenitud de tu vida
después de haber seguido con fidelidad
los caminos de Dios.
Con ellos nos invitas también a nosotros. 

Gracias por hacernos subir a la montaña,
gracias por dejarte encontrar en la plegaria
gracias por llenarnos de tu luz. 

Pero invítanos a regresar al llano
para seguir allí tus mismos caminos. 

Haz de nosotros testigos creíbles
de tu vida entregada, de tu amor
y de tu resurrección.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
Que aprenda a ver en las cosas de cada día tu presencia

Señor Jesús, a veces caigo en la tentación
de pensar que te conozco
y de que ya no puedes sorprenderme.

Y empiezo a pensar si no sería posible,
incluso razonable y conveniente
llegar a una especie de compromiso:
yo rezo, me declaro cristiano
y hago algo por los demás,
y tú no te metes en las parcelas de mi vida
que quiero llevar a mi manera.

Por eso te pido el don de la transfiguración.
Que, en medio de la rutina
que siempre me acecha
trasluzca la gloria de tu ser más profundo.

Que aprenda a ver en las cosas de cada día
tu presencia, silenciosa pero real,
tu sello en cada ser humano,
tu rostro en los pobres y pequeños,
tu belleza escondida en todos los seres
que han sido creados por tu voluntad.

Y que todo lo que me distrae o hace sombra
a tu contemplación,
lo tenga por lo que realmente es: una molestia.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret