Domingo II del tiempo ordinario

Cicle: 
C
Temps: 
Durant l'any
Domingo, 16 Enero 2022
P. Jaume Sidera Plana, cmf

Haced el que él os diga

1. La epifanía todavía continúa. El día de Reyes Jesús se manifestó como Rey. El día del bautismo, como Hijo único, el amado del Padre, ungido por el Espíritu para una misión. Hoy se presenta como el Esposo de la Iglesia en el marco de unas bodas.

2. Jesús, tan humano como era, con su simpatía y bondad se había ganado una buena red de amistades. Se hacía con todo el mundo. Hoy lo vemos en Caná de Galilea invitado a una boda. Su Madre ya estaba. La Madre de Jesús. Jesús con sus primeros discípulos está también invitado.

3. La Madre de Jesús –en el evangelio de Juan nunca sale su nombre– es toda una mujer. No ha ido como una ilustre dama, sino como una invitada con la otra gente, a colaborar en esta celebración donde todas las manos cuentan. Es discreta y muy intuitiva. En medio de la algazara de la fiesta, se da cuenta de que se acaba el vino. Y sufre por el malestar de los novios si se enteran.

4. Con delicadeza y con confianza le dice a su Jesús: No tienen vino. –Mujer, ¿y qué? Es cosa suya. El reloj todavía no marca la hora de intervenir. Jesús lo tiene muy claro y más desde el día del Jordán. Se debe a los intereses del Padre. Y espera de Él la orden de salida.

5. María saca toda su intuición femenina. Jesús tiene razón. Aun así, algún día tiene que ser el primero. ¡Es hoy! El calendario del Padre del cielo es flexible. El Padre ama a todos sus hijos y no le gustaría dejar a los novios expuestos al hazmerreír de los invitados. “Tu gran HORA ya vendrá. Desde la cruz o del Cenáculo ya derramarás a chorros el Espíritu Santo. Pero, mira, antes del banquete de bodas, siempre hay el picapica. O el vermut”.

6. La Madre de Jesús reúne el personal de servicio: Haced el que él os diga. Y Jesús ve en la fe de María la señal del Padre para que empiece a actuar, a manifestarse. El jefe de servicio no se lo acaba de creer. ¡Qué modo de actuar el de este novio inexperto! Él no lo sabe. Pero el Novio que ha alegrado el banquete de boda con un vino de calidad suprema es Jesús, que así, hoy sella su compromiso de amor con la comunidad cristiana, la Iglesia. Antes de comulgar decimos: Felices los invitados a su mesa. En realidad, tendría que decir: felices los invitados a las bodas del Cordero, Cristo Resucitado con esto tan sencillo y tan frágil que llamamos Iglesia.

7. La Madre de Jesús, la Mujer, anima a las mujeres –y toda alma cristiana– a usar la intuición para llevar adelante el proyecto de Dios. La ley es necesaria. Pero no tiene la última palabra. No es un límite infranqueable. Se puede traspasar cuando entra en juego el bien del prójimo. Hoy es la necesidad de los novios lo que mueve a Jesús a actuar. Mañana una madre atribulada –la Cananea– hará que Jesús realice su primer milagro fuera de los límites de Israel. Otro día será la Samaritana, o la Magdalena o los niños o cualquier enfermo que acuda a Él esperando la palabra amable o la caricia oportuna.

8. Y así manifestó Jesús su gloria. Dios se hacía presente en él y en él actuaba. Los discípulos creyeron. Y con Jesús y su Madre y los parientes bajaron a instalarse a Cafarnaúm, ciudad de paso obligado para mucha gente. Y en casa de Pedro encontraron el cobijo necesario donde empezar una nueva familia basada no en la consanguinidad sino en la fe. Y en esta comunidad entramos nosotros. Somos una inmensa variedad de personas diferentes y una profunda unidad: la unidad de la fe, de la esperanza y del amor.

9. El domingo pasado aprovechábamos el bautismo de Jesús para revivir nuestro bautismo. Hoy, la boda de Canà nos anima a renovar nuestro amor, especialmente el que inspira y empapa el matrimonio. Maridos y mujeres: sois el sacramento –el signo visible– del amor que Dios nos tiene. En el amor humano se lee el amor revelado de Dios. El amor humano tiene, así pues, un valor de signo. El amor entre esposos, el amor fraternal, la amistad, el amor eclesial es uno de los más altos argumentos apologéticos sobre la existencia de Dios. Dios es amor.

10. Estos días los dedicamos a orar por la unidad de los cristianos. Jesús pidió que todos seamos Uno: un solo rebaño con un solo pastor, una sola comunidad, una sola Iglesia enriquecida con una gozosa variedad de dones. No nos quiere uniformados, pero sí unidos en un solo amor, una sola fe y la misma esperanza. Ojalá que las diversas iglesias o confesiones cristianas, hoy dolorosamente y escandalosamente divididas, recuperemos la unidad en el amor que Jesús soñó cuando contó con nosotros. “Que todos sean uno, para que el mundo crea que me has enviado.”

Tipus recurs pastoral: