La Sagrada Familia

Cicle: 
C
Temps: 
Nadal
Domingo, 26 Diciembre 2021
P. Jaume Sidera Plana, cmf

Nazaret es la escuela del Evangelio

1. He leído hace poco un artículo que me impactó. Es de la periodista Miriam Díez. La Sagrada Familia de Gaudí –escribe– representa una familia. Sagrada. Jesús, María y José (en orden de importancia). Estoy convencida de que para muchos turistas esto de “Sagrada Familia” no los remite a ese icono religioso. Y la ignorancia religiosa, quizás también hace que las familias, tantas familias, no sean sagradas.

2. Las familias ya no representan lugares protectores ni espacios de seguridad. Se puede comprobar con lacra de la violencia de género que destapa las oscuridades más hirientes de la vida íntima y privada de este núcleo primordial. Mientras para muchos la familia es sinónimo de cobijo, protección, vínculo, calidez, “casa”, en definitiva, para mucha gente es directamente sinónimo de infierno. La violencia no es una cola de enganchar que pueda mantener un matrimonio. Sin respeto no hay vínculo. (Miriam Diez).

3. Cuando Pablo VI visitó la santa casa de Nazaret, se habría quedado allí Dios sabe el tiempo. Quizás se quedaría también en muchas de nuestras familias. Como esto no era posible, Pablo VI hizo una afirmación muy bonita: Nazaret es la escuela del Evangelio. En esta escuela, se cursaban tres asignaturas:

  • Primera: orden en todo, cada cosa en su sitio y un sitio para cada cosa; las personas, el trabajo y Dios ocupando el pensamiento y el corazón. La disciplina es necesaria para la educación.       
  • Segunda: el silencio: aquel espacio de serenidad que ayuda a pensar, a escuchar, a decir la palabra justa y oportuna. Y a orar en familia.
  • Tercera: el trabajo. Trabajar para vivir, no vivir para trabajar.

4. En un ambiente de orden, de silencio y de trabajo creció y se formó Jesús: crecía como nosotros cuando éramos pequeños: íbamos creciendo poco a poco... En estricta y filial obediencia a los padres y a la gente mayor. Iba a la escuela del pueblo a aprender a leer –no necesariamente a escribir–. Y en casa aprendía a rezar, a relacionarse, a trabajar la madera, a tratar a la gente... Iba a la sinagoga los sábados, como vosotros venís a misa, y una vez al año al menos los padres subían con el chico a Jerusalén, como quien hoy sube a Montserrat o a un santuario.

5. Y fue en Jerusalén donde Jesús mostró la conciencia que tenía de su “vocación” en el mundo. A los 12 años los chicos se incorporaban oficialmente en el pueblo. Era como la mayoría de edad. Un rabino les hacía unas preguntas y después les cargaban el rollo de la Torá, el libro de Ley de Moisés. Ya eran capaces de llevar el yugo de la ley como una persona responsable. Jesús vivió también esta ceremonia.

6. Porque José y María eran muy parecidos a los padres y madres que estáis aquí. Eran buenos y piadosos. ¿Y Jesús? ¿Era un chico obediente, Jesús? Quizás algunos padres y madres que estáis aquí, os quedaríais perplejos viendo cómo Jesús a sus 12 años se queda a solas en Jerusalén, sin que los padres lo sepan. Y lo bueno del caso es que cuando lo encuentran, responde: ¿No sabíais que yo tenía que estar en la casa de mi Padre?

7. Pues no, no lo sabían ni tenían por qué saberlo. María le reprocha con razón lo que ha hecho: «Hijo, ¿por qué te has portado así con nosotros? Tu padre y yo te buscábamos con ansia» ... Jesús les da a entender una cosa: en su vocación personal, depende del Padre. Y los padres tienen que mirar de conocer, de respetar y ayudar a madurar esta vocación personal.

 

8. En los largos silencios de la casa de Nazaret María contrasta lo que ve y lo que siente con las palabras de Simeón: Será causa de polémica... Un espada te atravesará tu alma... ¿Cuál es su lugar con respecto a Jesús? Acabará de comprenderlo en el Calvario. En el Calvario pierde a su Hijo, vilmente clavado en la cruz. Mirando a su Madre, Jesús le dice: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Y a Juan, el discípulo: Ahí tienes a tu Madre. Y desde entonces Juan acogió a María como el tesoro más preciado. Y también lo es para nosotros.

* * * *

Cuando yo era pequeño, mis hermanas cantaban una canción muy ingenua i bonita

El Niño Jesús a la escuela iba.
En su espalda la cruz llevaba.
Si sabia la lección un bombón le daban
y un poco de torta para llevarse a la boca,
y un ramito florido para ponerse en el pecho.
Tanto para ti como para mí
Jesusín nació en el establo.
Tanto para ti como para mí Jesús murió en la cruz.

(Perdón por la traducción. No soy poeta, lo siento)

Tipus recurs pastoral: