Domingo I de Adviento

Cicle: 
C
Temps: 
Advent
Domingo, 28 Noviembre 2021
P. Jaume Sidera Plana, cmf

Adviento, el tiempo de una esperanza renovada

1. Ya llegó de nuevo el adviento, el tiempo de una esperanza renovada, la invitación a emprender el camino sinodal, el andar todos juntos. Y mientras andamos, nos paramos un poco como los dos de Emaús para discernir quién somos y qué queremos.

2. Jeremías anuncia que del tronco medio muerto de David nacerá un brote bueno, que se comportará con justicia y bondad. No seguirá las huellas de los malos gobernantes egoístas e incompetentes que han llevado a la miseria al pueblo maltratado. Dios salvará a su pueblo una vez más, lo bendecirá con la paz y la prosperidad. Pero también los hay de buenos de verdad. Escuchemos lo decía la Cancillera Merkel en su despedida: “Siempre haré las cosas como agrada a Dios, porque lo temo y porque le sirvo con todos mis bienes y con todo el corazón, porque hace muchos años que abrí la vida y mi corazón a Jesucristo, y desde entonces soy cristiana no solo de palabra sino sobre todo con hechos.

3. San Pablo escribe una carta a los cristianos de Tesalónica con un tono que le sale del corazón. Los felicita porque vivían un amor intenso dentro de la comunidad y más allá de la comunidad. Mirando de agradar a Dios manteniéndose santos y limpios de corazón como se espera de hijos muy queridos. Esperaban con ansia el día de la venida gloriosa de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos.

4. San Pablo practicó con ellos una pastoral ejemplar. Cuando estaba entre los tesalonicenses se comportaba como una madre que acaricia i alimenta a sus hijos. Y los añoraba cuando les escribía desde Corinto. Se comportaba como un padre: los exhortaba uno a uno, los consolaba, los animaba a andar de una manera digna del Señor. Amor y proximidad.

5. El evangelio nos en habla de la venida que esperaban los tesalonicenses. Usa dos lenguajes: el apocalíptico, de cariz cósmico. Y otro más directo. Hablando del universo creado, escribe san Pablo: ¡Si supierais el ansia con que el universo creado espera impacientemente que los hijos de Dios se revelen tal como son! ¿No los oís? El universo creado es todo él un gemido esperando entre dolores de parto un mundo nuevo. Los antiguos habían cambiado el papel de la naturaleza adorando como dioses al sol, la luna, las estrellas, los cuadrúpedos. O adorando a reyes o emperadores u otros héroes. Y la creación está harta y no puede más. Tampoco puede más con la explotación a que la hemos sometido. Y protesta con el cambio climático y la deforestación y con capitalismo salvaje provocando un mundo de multimillonarios a expensas de multimillones de personas sin derecho ni a un pedazo de pan para llevarse a la boca. La naturaleza se venga de lo que se hace sin contar con ella. De repente nos ha invadido todo de un gusanillo coronado invisible que nos lleva a todos al retortero.

6. Es el lenguaje apocalíptico de Jesús. Cuando el universo tambalea, aparece el Hijo del HOMBRE -Ecce homo-. De Pilatos acá hemos hecho con él lo que hemos querido. Con un lenguaje ahora sencillo nos dice que viene para devolver a los hombres y mujeres su dignidad, y su libertad, la libertad a los hijos de Dios. Viniendo al mundo con el poder y la majestad del Todo Amor, lo modifica desde dentro, desde la humildad y la limitación de la condición humana.

7. Deja la nube de la divinidad y nos habla sin ambages. Viene a nuestra casa y llama a la puerta. ¿Hay alguien? ¿Quién eres tú? No son horas. –Ay, no, entra, entra, estás en tu casa.

8. Y nos invita a ser sensatos, austeros y sobrios. Con alegría, solo faltaría. Pero sin la embriaguez del alcohol, de la sexualidad desenfrenada, de la droga letal. Y a velar: estar atentos a los signos del tiempo. ¿Qué nos pide Dios hoy con el estruendo de la tormenta o de la naturaleza desmadrada? ¿Qué nos enseña la pandemia que nos desconcierta? Y a orar. Conectar a menudo con Dios para aprender a mirar el mundo y las personas con sus ojos y a amarlos con su corazón.

9. Y estar atentos! En casa y en la iglesia, e incluso en muchas plazas, montaremos un Belén. El Belén viene a ser la reconciliación de la naturaleza y la humanidad. Pastores y personas con sus oficios, y lo ríos y las montañas y los camellos y los magos que vienen de lejos. Y en un portal el niño Jesús en brazos de María. Y José encendiendo fuego y preparando una cuna a medida. Y el buey y el asno, mudos, que proclaman un gran mensaje: «El buey conoce su propietario, y el asno, el establo de su amo, pero a mí, Israel no me conoce, mi pueblo me ignora.»

10. ¿Y nosotros? Nos sentaremos entorno a la mesa contentos y felices. Jesús ya ha nacido. Y como dice el poeta, nos mirará en el momento de los postres y después de mirarnos, romperá a llorar. Romperá a llorar, porque en nuestra ligereza no habremos sabido encontrar a Jesús en los pobres y marginados, en los sin hogar o en las mujeres maltratadas y los niños desamparados. Pero no ¿verdad? Escuchemos lo que nos escribe a los cristianos de Tesalónica, hoy presentes en nuestra comunidad: el Señor os conceda crecer cada vez más en el amor mutuo y universal. Y fortalezca vuestros corazones para que podáis presentaros santos e inmaculados ante Dios nuestro Padre, cuando venga nuestro Señor Jesús con todos sus santos. Amén.

Tipus recurs pastoral: