Asunción de la Virgen María

Cicle: 
B
Temps: 
Santoral
Domingo, 15 Agosto 2021
P. Jaume Sidera Plana, cmf

Lo que hace grande a María es la fe 

1. En estos días de juegos olímpicos hemos visto a atletas subiendo al podio para recibir el premio de unos esfuerzos de meses y años al servicio de un ideal deportivo. Pues bien, hoy celebramos otros atletas que han logrado la plena gloria después de culminar la carrera de la vida superando incluso la muerte. Jesús se lleva la medalla de oro. Santa María la plata. Queda una retahíla de medallas de bronce y de diplomas olímpicos a disposición de una inmensa muchedumbre de cristianos y cristianas que han corrido y corren en el estadio de la vida.

2. Hoy celebramos que María ha hecho el podio. La fiesta de la Asunción de la Virgen es muy antigua. La Biblia nos presenta a María íntimamente unida a su Hijo divino, siempre solidaria con Él. Madre e Hijo aparecen estrechamente asociados en la lucha contra el Dragón y en su victoria definitiva sobre él.

3. La resurrección gloriosa de Cristo es la culminación de esta victoria, y la glorificación de María asunta en cuerpo y alma al cielo constituye la confirmación final de su solidaridad con el Hijo tanto en la lucha como en la victoria.

4. María ya es lo que nosotros seremos también un día. A muchos les molesta oír hablar de la salvación de las almas. Como si la vida con sus colores, con sus olores, con sus sabores, los contornos que la hacen agradable y atractiva hubiera de desaparecer. Y tienen razón, porque no es así.

5. María, asunta al cielo, es prenda segura de que todo hombre será salvado, de que los cuerpos resucitarán. Es la visibilización del “Creo en la resurrección de los muertos” que cantamos en el Credo. Por esto saludamos a María “esperanza nuestra”, porque todo lo que Jesús nos ha prometido lo vemos realizado en María y lo veremos también realizado en nosotros.

6. Es un gran consuelo pensar que lo que hace grande a María –ser Arca de la Alianza y la Madre de mi Señor– está al alcance de cualquier cristiano. Lo que hace grande a María es la fe: “Dichosa tú que has creído”, que te has fiado de Dios. Dios cumple en ti sus promesas. Y esta fe de María está a nuestro alcance.

7. Hoy podemos hacer nuestro el cántico de María, el “Magníficat”. En él María proclama la grandeza de Dios por haber realizado un triple vuelco:

1) En el campo religioso: volcando la autosuficiencia humana y confundiendo los planes de los que se levantan contra Dios y oprimen a los demás.

2) en el campo político: Dios no se pone del lado de los que se creen dueños de los pueblos sino de los que los sirven promoviendo el bien de las personas y de la sociedad sin discriminaciones raciales, culturales o políticas.

3) En el campo social: “colmando a los hambrientos de bienes y despidiendo vacíos a los ricos” porque quiere instaurar una auténtica fraternidad en la sociedad y entre los pueblos, porque todos son hijos de Dios y todos tienen derecho a sentarse en la misma mesa.

8. El Cántico de María es a la vez una alabanza de Dios y un programa de acción. Lo fue en una vida tan normal, tan sencilla y tan oculta como la de María de Nazaret que hoy contemplamos asunta al cielo. También en nosotros el Señor ha obrado maravillas.

Tipus recurs pastoral: