Domingo XVI del tiempo ordinario

Cicle: 
B
Temps: 
Durant l'any
Domingo, 18 Julio 2021
P. Jaume Sidera Plana, cmf

El Señor es mi Pastor...

1. “Venid conmigo a un lugar solitario para descansar un poco”. La invitación nos viene como anillo al dedo: una amable invitación a unas merecidas vacaciones... ¡Andamos tan estresados!... Entre el trabajo o las exigencias de la pandemia, y las limitaciones de los aforos y de los contactos, apenas tenemos para una comida para celebrarla con los amigos, o compartir una lectura o una conversación o un rato de esparcimiento. Para un rato de oración. Hagámoslo ahora que podemos.

2. A los Apóstoles –los enviados– les ocurría algo parecido. Porque mucha gente iba y venía y no les daba tiempo ni para comer. Ahora se reúnen en torno a Jesús y le explican todo lo que han hecho y enseñado. Hacer y enseñar: dos palabras que explican su misión, una misión que era la Palabra hecha salud y la Palabra hecha luz para el camino.

3. Cada domingo al acabar la Eucaristía Jesús nos dice por boca del celebrante: podéis ir en paz... No para no hacer nada, sino para ver de encarnar en la vida lo que en cada Eucaristía aprendemos...

4. Pero las vacaciones de Jesús son unas vacaciones solidarias... Cuando se esperaban unas horas de calma y de reposo, la gente no para hasta dar con Jesús... Y el Corazón de Jesús siente una inmensa compasión: son como ovejas sin pastor. Hay pastores que han dispersado a las ovejas y ellos se han ido por el foro. Egoístas que no han servido al rebaño sino se han servido de él.

5. Ahora se cumple lo que decía Amós: Vienen días que enviaré hambre al país: no hambre de pan ni sed de agua, sino hambre de oír la palabra del Señor. Jesús, el buen Pastor, sacia esta hambre de palabra: se pone a instruirlos largamente, pacientemente, con su lenguaje tan comprensible. Nos pone delante una mesa. Nada nos falta. En verdes praderas nos hace recostar...

6. Jesús también parte, reparte y comparte para todos multiplicando los pocos panes y peces que la generosidad de un zagal había puesto a su disposición. ¿Cuántos eran? De hecho estábamos todos los que hoy compartimos el pan de la palabra y de la Eucaristía. Y la generosidad y el amor de muchas personas innominadas, pero que ante Dios tienen nombre y apellido, hacen posible que el pan de cada día llegue a muchísimas personas a quienes la carencia de trabajo o las limitaciones de la pandemia les privaría. Es un milagro de solidaridad.

7. Pero deberíamos pedir la Señor y poner de nuestra parte lo que haga falta para que esta prestación del pan de cada día se convierta pronto en el trabajo digno de cada día para tantos que lo han perdido o lo tienen pero muy precario. Y una vida digna. Y una ancianidad digna.

8. Jesús reúne a los pueblos dispersos y con frecuencia enemistados. Algunos que vivían lejos y al margen de las promesas hechas a Israel, ahora la sangre de Cristo los ha aproximado. De dos pueblos, ha hecho uno solo. ¿Cómo? Destruyendo la pared que los separaba: la ley, la religión, la raza, la tradición, la historia... y las historias que alimentan prejuicios a veces de siglos. Así ha puesto paz entre ambos pueblos y ha creado una nueva humanidad centrada en él.

9. Por Él unos y otros tenemos entrada al Padre, guiados por un solo Espíritu. Esto tan extraño y tan sublime se realiza siempre que rezamos el Padre nuestro y partimos, compartimos y repartimos el Pan de la Eucaristía y el gozo del perdón.

Tipus recurs pastoral: