Domingo XI del tiempo ordinario

Cicle: 
B
Temps: 
Durant l'any
Domingo, 13 Junio 2021
P. Jaume Sidera Plana, cmf

Jesús nos habla en parábolas, que contienen el sentido de lo que vemos y vivimos

1. Jesús tenía el gran acierto de expresarse con parábolas: lo hacía con un lenguaje vivo y comprensible, que despertaba el interés del auditorio. Sin parábolas apenas enseñaba. Las dosificaba según la capacidad de la gente. Mientras los distraídos o frívolos se quedaban en la “historieta”, otros profundizaban en el mensaje y pedían a Jesús que les aclarara el sentido de la parábola. También ahora Jesús nos habla en parábolas. Parábolas que contienen el sentido de lo que vemos y vivimos.

 2. San Pablo nos propone una muy interesante. Somos gente en camino. Como Jesús, hemos salido de Dios y a Dios volvemos. Entre tanto vamos caminando como los dos discípulos de Emaús. Jesús se nos hace compañero de viaje y aun así lo sentimos lejano, ausente. Debemos andar a la luz de la fe, a menudo a tientas, escuchando y averiguando qué nos dicen Moisés y los Profetas y los Salmos. Nos hablan de él, pero no lo vemos.

3. ¿Qué hacer? Muy sencillo: hagamos lo que hagamos y estemos donde estemos, pongamos nuestro afán en complacer siempre al Señor. Preguntémonos qué espera Dios de nosotros. Qué es a sus ojos lo que es bueno, aceptable y perfecto. Quiere que amemos siempre. Porque cuando lleguemos a la cumbre, veremos con sorpresa que “al atardecer de la vida nos examinarán del [J1] amor". Un amor que hemos vivido compartiendo, partiendo y repartiendo lo que éramos, sabíamos y podíamos con los compañeros de camino. 

4. Si Pablo nos hace pensar en el camino, Jesús nos pone a la vista un campo de trigo. Y nos enseña que la manera de hacer de Dios no es como la que soñamos: espectacular. Sobre todo, espectacular y noticiable. Pues no. La acción de Dios se asemeja a la semilla sembrada... La semilla tiene su dinámica misteriosa que la lleva a germinar, a crecer, a espigar, hasta que llega la siega. El sembrador no puede forzar el proceso y el ritmo de crecimiento. No hay atajos mágicos. El Hermano Antoni Daufí nos da un ejemplo gráfico del campesino maravillado con unas espigas en la mano y mostrando el campo de trigo. Se impone el trabajo paciente y monótono del día a día. Acondicionar la tierra, sembrar y esperar el fruto a su tiempo. Es el camino de Dios.

5. Dice también Jesús que la manera como Dios muestra su reinado, no se asemeja a uno de aquellos célebres y monumentales cedros del Líbano, sino al grano de mostaza que apenas se ve de tan pequeño. Pero plantadlo y veréis lo que llega a ser. Silencioso y discreto, se hace un árbol donde anidan los pajaritos de nuestro Señor.

6. Para las grandes obras cuenta con personas muy sencillas y humildes, como María y tantos padres y madres, abuelos y abuelas y ciudadanos “anónimos”. En su sencillez generosa y alegre mantienen y hacen crecer esto que llamamos Iglesia, donde todos los bautizados tenemos asignada una tarea. Alimentados con el mismo Pan, animados por un único Espíritu. Y rezando con Jesús el mismo Padre nuestro. Durante el largo invierno de ateísmo oficial del régimen comunista en Rusia, fueron las abuelas quienes salvaron la fe con su amor y su invisible valentía. Es la misión que tienen hoy tantos cristianos y cristianas: conservar y transmitir la fe en el desierto cristiano de nuestro mundo.

7. El Señor dice a padres y a catequistas, a curas y a maestros y educadores: sembrad. Sembrad buena semilla, que la cizaña crece sola. Pero nada de impaciencia. Nada de forzar el crecimiento o la madurez de la persona. La vida tiene un ritmo que hay que respetar. La semilla que Mónica sembró en Agustín no empezó a dar fruto hasta 30 años después. El resultado del “inmediatismo” suele ser el fracaso y la decepción. No gastemos energías en crear atajos que no llevan a ninguna parte.

8. Jesús continúa hablándonos en parábolas. ¿Qué nos dice hoy a través de la pandemia? Quizá nos invite a leer el apocalipsis 9 20-22: Los que no murieron por estas plagas, no se arrepintieron de las obras de sus manos: no dejaron de adorar a los demonios y a los ídolos de oro, plata y bronce, de piedra y madera, que ni ven ni oyen ni caminan. No se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus brujerías, ni de sus inmoralidades sexuales ni de sus robos. No nos ilusionemos con cambios fulminantes y radicales.

9. Jesús nos llama a la conversión ecológica, a respetar la naturaleza y la vida, y la palabra y el amor. Oponiendo al desenfreno vitalista el sentido de una sabia austeridad. Nos exhorta a agradecer la generosidad con que tantísimas personas han hecho frente a la pandemia para aliviar el sufrimiento de nuestro mundo. Espera de nosotros que vivamos a fondo y sin desfallecer su único mandamiento: Amaos como os he amado yo. 

Tipus recurs pastoral: