Domingo de Pentecostés

Cicle: 
B
Temps: 
Pasqua
Domingo, 23 Mayo 2021
P. Jaume Sidera Plana, cmf

Abandonar la zona de confort y salir hacia las periferias sedientas de Palabra y de Vida

1. Hoy llegamos a la cumbre de la Pascua que ha durado 50 días: Pentecostés. Durante este periodo –¡y todavía después!– Jesús resucitado se apareció a la comunidad que malvivía entre el miedo y la esperanza, con las puertas cerradas a cal y canto. Recibid el Espíritu Santo... les dijo Jesús al anochecer de Pascua.

2. Pero no tenían bastante. Ocho días más tarde continuaban con las puertas igualmente cerradas. Tomás se resistía a creer. Y un grupo encabezado por Pedro, no viendo las cosas claras, volvía al oficio de siempre: pescar, lejos de barullo de Jerusalén.

3. Hoy encontramos otra vez reunida la comunidad en Jerusalén con los apóstoles, con mujeres y niños y con María, la madre de Jesús... Sí, también había la chiquillería. Oraban, como nosotros ahora. Esperaban que se cumpliera la promesa de Jesús. Vosotros recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén... y hasta el extremo de la tierra. Lo esperaban, pero todavía con las puertas cerradas por el miedo...

4. De repente entra un viento impetuoso y unas llamas de fuego se posan sobre cada uno de los asistentes y les quema el alma y los transforma. El viento del Espíritu los da a entender que está muy bien que oren y esperen, pero que ha llegado la hora de proclamar el mensaje de Jesús a los cuatro puntos del horizonte. Afuera los espera una abigarrada multitud de gente de todas partes. Han de abandonar la zona de confort y salir hacia las periferias sedientas de Palabra y de Vida.

5. La multitud que los veía y oía, miraba y escuchaba atónita a Pedro y a sus compañeros poseídos de una fuerza divina proclamando las grandezas de Dios en la lengua que cada cual entendía. Es Pentecostés. Si Babel sembró la confusión con las lenguas, el Espíritu las emplea uniendo a todos en la conciencia de que Dios es Padre de todos. Le podremos llamar Abbà o Pater, Pare o Padre, Père o Father, Váter, Pai o Aitor, pero todos nos sentimos unidos en un mismo espíritu que nos hace hijos y nos hace hermanos. Es la hora del Padre Nuestro. Se produce el milagro que intuiría el gran Ramon Llull: Si no nos entendemos por el lenguaje, entendámonos por amor, que es el lenguaje que todo el mundo entiende.

6. Los apóstoles –y apóstolas también como Lidia y Febe y Prisca- pronto forman pequeñas comunidades que se reúnen en casas particulares. El Espíritu se hace presente en ellas enriqueciendo con carismas diversos a cada cual, hombre o mujer, sabio o no tan sabio, rico o pobre. El carisma es un regalo personal del Espíritu, orientado al bien de la comunidad. San Pablo decía a los cristianos de Corinto: Vosotros formáis un solo cuerpo, compuesto de muchos miembros, cuya cabeza es Cristo.

7. Y dentro de la comunidad hay de todo: hay apóstoles, profetas, catequistas. Hay quien obra milagros, hay quien tiene unas manos de ángel para acariciar y curar, los hay que practican la asistencia social. Unos saben gobernar, otros se saben expresar en lenguas. Es bueno conocer los dones que Dios nos ha dado y conocer y valorar las cualidades de los demás. Valorarlas y agradecerlas. Es muy importante hacer grandes cosas, pero no lo es menos saber hablar, decir una buena palabra, sonreír.

8. Somos un solo cuerpo. Y en el cuerpo todos los miembros son necesarios desde la cabeza hasta el dedo meñique del pie. Santa Teresita de Lisieux anhelaba hacer muchas cosas, pero no podía. Entonces se situó en el corazón. En la Iglesia ella podría ser el corazón. Amando y orando llegaría a todos y cada uno de sus miembros. Esto está al alcance de todo el mundo. Cuando no podemos hacer, siempre podemos ser. Siempre podemos amar y dejarnos amar.

9. ¿Conocen los dones del Espíritu Santo? Son siete: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Ya ven: saber gustar y sentir internamente la Palabra de Dios, saber decir una palabra de consuelo cuando conviene, ser valientes cuando las cosas vienen mal dadas o cuando hemos de dar razón de nuestra fe. Y estos dones se manifiestan en un conjunto de sabrosos frutos: amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, espíritu de servicio, confianza en los otros, suavidad, autodominio. Del buen corazón siempre salen cosas buenas. Y dentro de nuestro corazón habita el Espíritu Santo.

10. El Espíritu Santo actúa con gran discreción. Es como el agua, como la luz, como el aire. Están en todas partes, abarcan todo el mundo, pero cada cual bebe, respira y ve según le conviene. Está dentro de nosotros, nos aconseja, nos apoya, nos defiende, ora en nosotros: nos inspira el Padre nuestro, nos da la libertad de hijos de Dios.

11. Para terminar, quedémonos con las palabras que pronunció el metropolitano ortodox de Latakia (Siria) Ignacio Hazim, en la inauguración de la Conferencia Ecuménica de Uppsala (Suecia) inspirándose en Apocalipsi, 21,5: "He aquí que hago nuevas todas las cosas”.

Sin el Espíritu Santo Dios queda lejos,
Jesucristo queda en el pasado,
el Evangelio es letra muerta,
la Iglesia es una simple organización,
la misión, propaganda,
la autoridad, dominio, el culto un simple recuerdo,
la praxis cristiana una moral de esclavos.

Pero en el Espíritu Santo
el cosmos es exaltado y gime hasta que dé a luz el Reino,
Cristo resucitado está presente,
el Evangelio es una potencia de vida,
la Iglesia significa comunión trinitaria,
la autoridad un servicio liberador,
la misión un nuevo Pentecostés,
la liturgia un memorial y una anticipación,
la acción humana es deificada.

¡Ven, Espíritu Santo!

Amén.

Tipus recurs pastoral: