Domingo I de Cuaresma

Cicle: 
A
Temps: 
Quaresma
Domingo, 1 Marzo 2020
P. Josep Vilarrubias Codina, cmf

Ya estamos en el camino cuaresmal hacia la Pascua

El Misterio Pascual merecerá cincuenta días de celebración. Es necesario que nos preparamos con tiempo. Cuarenta días nos ofrece la Liturgia para ir elaborando una conversión del corazón que nos ponga en perfecta sintonía con el Cristo entregado por nosotros en la Muerte y Resurrección

Un día y otro, la palabra de Dios va llegando a la comunidad como una lluvia benéfica que hace brotar en nosotros la semilla del Don de Dios, la hace crecer hasta que, en el sol de la PASCUA, tengamos nuevos frutos que nos nutran en el camino de la vida hacia la Casa del Padre.

En este primer domingo de Cuaresma nos llega el relato de las tentaciones de Jesús en el desierto, como lo presenta el evangelio de San Mateo. "Entonces el Espíritu condujo Jesús al desierto para que el diablo lo pusiera a prueba". Poner a prueba es lo mismo que tentar. Jesús ¿debía ser puesto a prueba? El sentido neto de esta expresión es que en su realidad de hombre verdadero era necesario que él pasara por compartir nuestras situaciones humanas, nuestras pobrezas, nuestras luchas, nuestras tentaciones...

Todo lo que nos puede seducir hasta el extremo de hacernos daño y hacer a los demás, lo podemos resumir así: el placer humano fuera de lugar, el afán de situarnos por encima los demás y creernos superiores a nuestra condición humana.

Jesús se deja conducir por el Espíritu al desierto; allí interiorizará la misión mesiánica que pasa por la pobreza, la humildad, la entrega a las personas y la ofrenda de la Muerte en Cruz con la Vida Nueva de la Pascua.

Todo esto lo vivirá en contraste a la tentación de actuar con criterios de grandeza humana, éxitos de multitudes y el vivir opíparamente.

De hecho son estas las tentaciones de aquellos falsos mesías que se aprovechan de su situación privilegiada de poder, de fama, de los placeres fáciles. Son también, en un grado u otro, las tentaciones insidiosas que nosotros tenemos que ir afrontando en el día a día.

Jesús pasa por las tentaciones y, bien de acuerdo con la misión que el Padre le ha confiado, sabe reaccionar a la luz de la Palabra de Dios:

–      En la tentación de satisfacer el hambre sacando pan de las rocas, responde: también está escrito que la vida del hombre no depende sólo del pan sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

–      En la tentación de deslumbrar a las multitudes con un hecho maravilloso, responde: está escrito también: no pondrás a prueba al Señor tu Dios.

–      En la tentación de dominio terrenal, a precio de adorar al tentador, responde: Vete, Satanás Está escrito: Adorarás sólo al Señor tu Dios.

El Espíritu que condujo a Jesús al desierto nos ha sido dado a nosotros para transformar nuestra vida a imagen de Jesús mismo. Como Jesús, nosotros a lo largo de la vida sufrimos las insidias del Mal, las tentaciones que intentan poner obstáculos en nuestro seguimiento de Jesús. Pero es el mismo Espíritu el que nos inspira la reacción: La voluntad del Padre que nos llega por su Palabra.

De ahí viene que la conversión cuaresmal consiste en dejarnos alumbrar por la Palabra de Dios que nos va llegando un día y otro en las Santas Escrituras.

A la luz de esta Palabra necesitamos estar atentos siempre al Querer del Padre, vivir y actuar para Él. Él es para nosotros el Único, es el Todo. Nos lo recordaba Jesús en el evangelio del Miércoles de Ceniza: hacerlo todo no para ser vistos de los demás sino para Él que ve todo lo secreto y que nos tiene en su intimidad en el orar íntimo, sencillo y confiado. Es decir: con una actitud filial hacia el Padre.

Tipus recurs pastoral: