Domingo VII del tiempo ordinario

Cicle: 
A
Temps: 
Durant l'any
Domingo, 23 Febrero 2020
P. Josep Vilarrubias Codina, cmf

¡Ojo por ojo y diente por diente!

En este domingo último antes de la Cuaresma el Señor sigue asumiendo la ley antigua y llevándola a su pleno significado en términos sorprendentes: Ya sabéis que a los antiguos les dijeron: "ama a los demás" pero no a los enemigos. Pero yo os digo: amad a los enemigos y rogad por los que os persiguen. Si nos detenemos un poco a pensar encontramos que Jesús toca nuestros sentimientos hacia los próximos. A nivel de familia, de compañeros, de sociedad, de política es posible que haya quien nos cae mal, que habla contra nosotros, que nos duele. ¿Debemos estimar a estas personas? ¿Es posible?

Jesús insiste añadiendo algunos ejemplos concretos: a quien te pega preséntale la otra mejilla, a quien te pleitea por tu vestido dale también la capa, si alguien te obliga a llevar una carga hazlo más allá de lo él te pide. Yo os digo que no os volváis contra los que os hacen daño (la ley del talión era una norma de justicia, indicando al mismo tiempo de no ir más allá).

Dónde está el límite de la generosidad en la ley de Jesús: "Sed perfectos como vuestro Padre celestial". El argumento es simple y contundente: dejad de actuar para vosotros mismos y poner la mirada en Dios el Padre que hace salir el sol sobre malos y buenos y llover sobre justos e injustos...

Poner la mirada en Dios es poner el corazón, la vida. Este es el secreto: Vivir totalmente entregado al Señor. Esto solo se logra con un amor entregado. No lo logramos, nos es dado por el Espíritu Santo que habita en nosotros. Lo pedimos insistentemente, nos ponemos y lo agradecemos. En la medida en que lo vivimos, en esta medida vamos siendo misericordiosos con todos, también con los enemigos.

  • La primera lectura, del antiguo libro del Levítico, nos sorprende con un flash de luz en línea con la enseñanza de Jesús: "Di a toda la comunidad israelita: Sed santos, porque yo vuestro Dios soy santo... No tengas malicia a tus hermanos. No te vengues ni guardes rencor contra nadie de tu pueblo. Ama a los demás como a ti mismo. Yo soy el Señor."
  • El salmo 102 es un canto a la santidad de Dios, el Padre que ama a todos y que Jesús nos pone como referencia y como modelo: El Señor perdona todas tus culpas y cura toda enfermedad. Es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en amor... Tira nuestras culpas lejos de nosotros como el Oriente es lejos del Occidente. Como un padre siente ternura por sus hijos el Señor se apiada de los fieles.

Mucha gente hay que para resolver los problemas con los contrarios sólo saben actuar con violencia. Lo estamos viendo en parejas, entre vecinos, en la política a nivel de país y a nivel mundial. El evangelio no ofrece soluciones pero sí propone las actitudes con que se deben afrontar. La clave estaría en descubrir que el enemigo no existe. Que existen personas a las que hay que respetar e incluso amar, y con las que hay que discutir con la fuerza y ​​la serenidad que sea necesario.

Hay que hacer distinción entre la persona y sus ideas o comportamientos. No es tan difícil entenderlo si lo comparamos con un niño enfermo y su madre. La madre está en contra de la enfermedad de su hijo no contra el hijo enfermo. En las acusaciones agresivas e insultantes si se tuviera en cuenta la persona y como tal se la respetara, se iría por el buen camino. Para defender las ideas no hay que aplastar a las personas.

Jesús nos enseña a pedir al Padre del cielo que perdone nuestras ofensas como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y él al dar la vida en la cruz reza: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen". Perdonar es amar como Jesús ama.

Nos dan luz tantos y tantas que ante los perseguidores y verdugos han reaccionado con serenidad, con perdón, con amor. Lo leemos en las historias de los mártires, también en los de nuestro tiempo.

Tipus recurs pastoral: