Domingo VII del tiempo ordinario

Cicle: 
A
Temps: 
Durant l'any
Domingo, 23 Febrero 2020
P. Jaume Sidera Plana, cmf

Sed buenos de verdad. No us quedéis a medio camino.

1.- Jesús nos enseña la espiritualidad del sol y de la lluvia: hacen el bien que saben hacer a todo el mundo, sin distinguir si son buenos o malos. Como el Padre celestial. Aprendamos de Jesús a mirar a las personas con los ojos de Dios i a amarlos con el corazón de Dios. Seguro que cambiará nuestro mundo más cercano y el de más allá.

2.- Nada de responder a la violencia con la violencia. Se acabó la norma del “ojo por ojo, diente por diente”. No. Es la no violencia de raíz cristiana. Gandhi se lo creyó y sin disparar un tiro, consiguió la libertad de la India. O Luther King. Gracias al muchacho que hizo objeción de conciencia, se abolió el servicio militar obligatorio. El camino es más largo, pero es el único que llega a la cima. La practicó Jesús. Ante el tribunal de Anás, el gran sacerdote, un esbirro le dio una fuerte bofetada: ¿Así respondes al sumo sacerdote? No le ofreció la otra mejilla, pero le contestó civilizadamente. Si he hablado mal, dime en qué. Pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas? No te dejes vencer por el mal, sino véncelo a copia de bien.

3.- El ideal que Jesús nos propone es muy elevado: sed perfectos como el Padre celestial. ¿No será demasiado? Parece que sí. Inasequible. Pero ambicioso. Que seamos como Él o como Jesús. Nada más ni nada menos. Sin embargo Jesús al ponernos una meta tan alta, nos anima a no quedarnos a medio camino. No os contentéis con no matar, no adulterar, no jurar. Dad un paso adelante: respeta la vida, respeta la palabra, respeta el amor con todas sus consecuencias.

4.- El ideal que Jesús nos propone es muy alto. Pero con el ideal nos pone un modelo para acercarnos a él. Está a nuestro alcance. El niño. Si no os hacéis como niños no sabréis nada de Dios. El niño es una persona en camino; se va desarrollando pasito a paso. Ahora cae, ahora se levanta. No se desespera nunca porque sabe que el padre y la madre le quieren y lo comprenden. Su “perfección” está en ser “imperfecto”, inacabado. Ya dice “papá, mamá”. Ya garabatea en el papel. Incluso nos presenta nuestro retrato con aire de triunfo. Y se ríe con nosotros. A los mayores nos cuesta aceptar que lo normal es ser como somos, no terminados todavía, siempre en camino. Si ponemos nuestro ideal en ser “Don Perfecto, pronto nos cansaremos. La perfección se nos escapa. Nos desanimamos y caemos en la mediocridad, en un resignado “ir tirando”. Tenemos ante nosotros un ideal noble y digno. No lo hemos alcanzado todavía. Pero tendemos siempre a ser más lo que como personas y cristianos podemos ser: mejores hijos de Dios, mejores hermanos con todos.

5.- San Lucas en vez de escribir “sed perfectos” escribe “sed compasivos. Conociendo nuestras limitaciones comprendemos las limitaciones y los sufrimientos de los demás. Y experimentando el amor y la paciencia de Dios con nosotros, miramos de comprender y amar como Él.

Tipus recurs pastoral: