Domingo VI del tiempo ordinario

Cicle: 
A
Temps: 
Durant l'any
Domingo, 16 Febrero 2020
P. Josep Vilarrubias Codina, cmf

Hágase Señor tu voluntad

Hoy tenemos el tema de la fidelidad a la ley. Jesús se pone a fondo: Los antiguos decían... pero yo os digo... "Os digo": ¿qué nos dice y cómo debemos vivir lo que nos dice?

Reflexionemos un poco:

- La ley nos hace ser personas como es debido según los ojos de Dios.

- Jesús tenía como ley la voluntad del Padre.

- La voluntad del Padre era el leitmotiv de todo lo que Jesús pensaba, sentía, vivía, hacía.

- Dios es Sabiduría, Belleza, Amor. La voluntad del Padre es hacernos, en Cristo y por el Espíritu santo, Hijos y herederos de la riqueza de Dios.

- Con Jesús estamos llamados a dejarnos iluminar y empapar por el Amor paternal de Dios. Dejarnos empapar significa ser receptivos como la esponja en el agua; abiertos a la sabiduría, al amor de Dios. Estar bien abiertos es nuestra ley.

- Jesús ha venido a dar pleno sentido a la ley: contrapone la antigua ley de Moisés a su nueva ley. Y lo hace con buen criterio pedagógico: ya sabéis que a los antiguos les mandaron... pues yo os digo.

- Él nos aclara la contraposición: No penséis que yo vengo a desautorizar los libros de la ley y los profetas. No vengo a desautorizarlos, sino a completarlos.

• Los mandamientos del Antiguo Testamento eran establecidos mirando al pueblo, a su equilibrio social: que no hubiera asesinados, infidelidades sexuales, divisiones familiares, juramentos en falso, robos, deseos de atrapar los bienes de los demás; y como base, la relación fiel con Dios.

• Ahora Jesús nos hace levantar la mirada para entender que la Ley, tal como él la vive, es mucho más, va mucho más allá, nos sitúa en el querer de Dios que es amor sin límites, amor incondicional, arriesgado, exigente, totalmente entregado. Así es como vive Jesús la ley y así nos invita a tomar parte:

- No matarás. ↔ Pero yo os digo: El que se enfade con su hermano... el que diga a su hermano una palabra de desprecio... el que le insulte... será reo. Por eso os digo: aunque te encuentres ya ante el altar a punto de presentar la ofrenda, si recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí mismo tu ofrenda y ve primero a reconciliarte con él.

- No cometas adulterio.↔ Pues yo os digo que todo el que mira a una mujer con mal deseo, en el fondo de su corazón ya cometió adulterio.

- No rompas los juramentos.↔ Pero yo os digo: no juréis nunca... Decid sencillamente sí cuando es sí y no cuando es no.

La ley de Jesús, pues, va mucho más allá de unas normas mínimas; radica en cumplir del todo el querer del Padre. De ahí que la ley interior vivida por Jesús nos lleve a vivir una ley de amor, amando como él ama. Así ya no nos sorprende de amar al enemigo, orar por él, de perdonar, de poner la otra mejilla, de dar la vida por el hermano...

Desde esta perspectiva captamos con más fuerza la felicitación del salmista:

Feliz el hombre de conducta irreprensible
Que guarda la ley del Señor.
Dichosos los que guardan su pacto
Y buscan al Señor con todo el corazón.
Hazme entender tu ley
Que la quiero guardar con todo el corazón.

 Y acabamos allí donde podíamos haber empezado: la ley del Señor no se impone, hace honor a nuestra libertad y la respeta, tal como leemos en la primera lectura: Si quieres, guardarás los mandamientos. Eres tú quien tienes que decidir.

La ley del Señor
es una ley de libertad y de amor.

Tipus recurs pastoral: