Domingo V del tiempo ordinario

Cicle: 
A
Temps: 
Durant l'any
Domingo, 9 Febrero 2020
P. Josep Vilarrubias Codina, cmf

Vosotros sois la luz del mundo. Vosotros sois la sal de la tierra.

Luz y sal son dos símbolos universales que aparecen en todas las culturas y tradiciones religiosas. La luz muestra lo que la oscuridad no ofrece; la sal preserva los alimentos y les da consistencia y sabor.

Jesús acababa de proclamar las Bienaventuranzas. Si las leemos con atención nos sorprenden y si las acogemos con el corazón nos convierten, cambian nuestra mirada y nuestra vida.

Iluminados por las bienaventuranzas, ahora Jesús nos define como luz y como sal del mundo. No dice que debemos ser luz sino que somos luz, su luz. Si nos dejamos luminar, iluminamos: vosotros sois la luz del mundo.

Jesús es nuestra luz y de nosotros hace luz, que seamos luz, su luz. Observemos que no nos dice que tengamos que ser luz, sino que somos luz.

Pero ¿qué luz? Somos luz en la medida en que nos dejamos atrapar por el espíritu de Jesús. Él que al terminar de lavar los pies de los discípulos dijo: ¿Habéis visto? Pues vosotros haced igual que yo. Y nos lo remarcó en el mandamiento nuevo: Amaos los unos a los otros como yo os he amado.

En la primera lectura de hoy Isaías ya había señalado hacia la luz de Jesús: Comparte tu pan con el hambriento, acoge en tu casa los pobres sin techo, si alguien no tiene ropa vístelo; no los rehúyas, que son hermanos tuyos. Entonces estallará en tu vida una luz como la aurora.

Y el salmo 111: El hombre justo, compasivo y misericordioso es luz que apunta en la oscuridad.

Somos luz si amamos como Jesús ama, metido en el barro de los más desafortunados, los oprimidos, los pobres, los enfermos, los pecadores, las mujeres, los niños... Este Jesús que no para de comprometerse por los hermanos y que se nutre de la intimidad filial con el Padre que lo ha enviado. Acción y contemplación.

Vosotros sois la sal de la tierra. La sal preserva de la corrupción, la sal da sabor a los alimentos, es elemento vital para la vida y la salud. Es útil y discreta, se diluye para ser útil, no le va ni el exceso ni la insuficiencia, no quiere que su contribución en los alimentos les haga excesivamente salados o insípidos. Hace agradable la comida, no se hace ver, en la mesa no se habla de ella. La sal se convierte en símbolo de la simpatía, la gracia, la alegría en las relaciones humanas.

Desde siempre se ha visto en la sal una dimensión simbólica entorno a la vida, la sabiduría, el gusto, la purificación. En el Antiguo Testamento las víctimas ofrecidas como signo de alianza debían ser sazonadas con sal... no permitas que en la alianza con tu Dios falte la sal (Levítico 2,13). También, como signo de hospitalidad y acogida, ofrecer el pan y la sal era y es acoger amablemente a casa el forastero. En el Nuevo Testamento: tened sal en vosotros y tened paz los unos con los otros (Marcos 9,50). Que vuestra conversación sea siempre salada, sazonada con sal, sabiendo responder a cada uno como conviene (Colosenses 4,6).

Todos en la Iglesia somos sal de la tierra: sal de sabiduría humana y cristiana, de amabilidad y de buen humor. Somos llamados a contribuir calladamente a aportar en la familia y la comunidad un gusto de evangelio.

El Espíritu de Jesús, discreto como la sal y luminoso como la Palabra, dé a nuestras vidas el sabor de la sal que nutre, gusta y no se hace notar, y el vigor de la luz que inspira una serena seguridad.

QUE TENGÁIS UN BUEN DOMINGO DE LUZ Y DE SAL.

Tipus recurs pastoral: