Presentación del Señor

Cicle: 
A
Temps: 
Santoral
Domingo, 2 Febrero 2020
P. Josep Vilarrubias Codina, cmf

¡Luz para alumbrar a las naciones!

Este domingo tocaría el tema de las Bienaventuranzas, pero este año coincide con la fiesta de la Presentación del Señor en el Templo. Es como un eco de los eventos navideños.

La ley de Moisés establece que al cabo de los 40 días del nacimiento, el niño debe ser presentado en el Templo de Jerusalén y a la madre se le declarará purificada. Esto último tenía origen, al igual que la circuncisión de los niños, a condicionamientos higiénicos, y posteriormente llegó a ser norma religiosa. En todo caso en este día Jesús el Señor hacía su primera entrada en el Templo.

En realidad Jesús el Mesías no fue recibido por los Grandes Sacerdotes y por los sabios maestros de la ley bien ocupados en el mundo de las legalidades, de las actividades cultuales, los sacrificios de animales y las ganancias económicas... Por cierto, que María y José ofrecieron un par de tórtolas como ofrenda sacrificial tal como estaba prescrito en el caso de familias con escasos recursos.

Quienes acogen a Jesús y lo reconocen como el Mesías de Dios son dos ancianos de fe sencilla y corazón abierto que han vivido su larga vida esperando la salvación de Dios. Simeón y Ana representan tanta gente de fe sencilla que, en todos los pueblos de todos los tiempos, viven con su confianza puesta en Dios.

El Templo de Jerusalén es el escenario; todas las lecturas de hoy se hacen eco:

* Malaquías: El ángel de la Alianza que deseáis entrará en su templo (El ángel de la Alianza es el Señor mismo).

* Salmo: ¡Portales, alzad los dinteles, agrandad las puertas eternas que debe entrar el rey de la gloria!

* Hebreos: Por eso convenía que Jesús se hiciera en todo semejante a los hermanos, y así pudiera ser un gran sacerdote compasivo y acreditado ante Dios para expiar los pecados del pueblo.

* Evangelio: Los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor...

Jesús al ser llevado al Templo representa que llegaba a su casa. Al cabo de 12 años, al haberlo perdido sus padres lo encontraron en el Templo. La respuesta del chico fue: ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre? Y ya en plena actividad evangelizadora, cumplidos los treinta años, Jesús en el Templo se indignó ante el comercio religioso que allí se había instalado, y los echó fuera a todos: "Habéis convertido la casa de mi Padre en una cueva de ladrones..."

Sabéis bien que el Templo de la Ciudad Santa era el único en todo el país. Lo encabezaba el Sancta Sanctorum, corazón del culto, un espacio reservado a Yahvé; ante el Santuario se extendían los espacios destinados a los sacrificios, el atrio o patio de los sacerdotes, los de los hombres, de las mujeres, de los paganos, todo enmarcado de pórticos y columnatas. Imagino que ese día habría en todo el país muchos niños nacidos cuarenta días atrás y por aquellos atrios se movería cantidad de gente.

Las referencias al Templo en las lecturas de hoy señalan que aquí desembocaba la larga espera del Pueblo en el Antiguo Testamento y se abría el camino del Nuevo Israel, la Iglesia, esposa del Cordero en su caminar hacia la Nueva Jerusalén.

Pues bien: Había en Jerusalén un hombre llamado Simeón. Era un hombre justo y piadoso que esperaba la hora en que Israel sería consolado, y tenía en él el Espíritu santo. Hombre justo, piadoso y lleno de esperanza. Un buen modelo para las personas mayores.

¿Os imagináis el buen viejo enternecido con el Niño en brazos?: ¡Ahora ya me puedo morir! Mis ojos han visto al salvador... luz para iluminar a todas las naciones y gloria de Israel nuestro Pueblo:

- LUZ para toda la humanidad en todos los tiempos
- GLORIA de Israel el pueblo donde ha nacido el Salvador.
Luz y gloria que ha dado pie a la entrañable tradición litúrgica de las candelas.

A continuación el buen Simeón se mira a María y le anuncia que su niño será una bandera discutida. Y que a ella una espada le atravesará el alma.

María la Madre de Cristo Total, la Iglesia, hoy está bien al tanto de todo lo que nos hace sentir marginados de la sociedad, perseguidos de tantas maneras... y como buena Madre nos vela en nuestros sufrimientos, espadas que nos atraviesan el alma.

Y aparece la viejecita Ana: "Era de edad muy avanzada, viuda, de ochenta cuatro años, dedicada noche y día al culto de Dios

- con ayunos y oraciones.

- Daba gracias a Dios

- y hablaba de aquel Niño a todos los que esperaban el tiempo en que Jerusalén sería redimida.

Simpática y buena modelo esta abuela llena de Dios, sencilla, que comunica su fe con alegría y esperanza.

Ana y Simeón, santos patrones y modelos de las personas mayores, rogad por nosotros.

Tipus recurs pastoral: