Domingo III del tiempo ordinario

Cicle: 
A
Temps: 
Durant l'any
Domingo, 26 Enero 2020
P. Josep Vilarrubias Codina, cmf

"El pueblo que vivía en tinieblas vio una gran luz"

¿Lo recuerdas? Así comenzaba en la noche de Navidad la lectura de Isaías. Hoy esta exclamación gozosa encabeza la acción evangelizadora de Jesús. Mateo nos hace notar que el Señor comienza su actuación precisamente en un mundo marginado, que vive en la oscuridad, lejos de la actividad religiosa oficial de Jerusalén. Isaías en su tiempo había escrito eso que hoy hemos sentido: El pueblo que vivía en tinieblas vio una gran luz, una luz resplandece para los que vivían en el país tenebroso. En tiempos de Isaías el pueblo que vivía a oscuras, era la zona donde las tribus de Zabulón y Neftalí habían caído en manos de los asirios. Galilea de los gentiles, la llama el profeta.

Así pues Jesús comenzó a moverse en la periferia oscura de Galilea: Desde aquel tiempo comenzó Jesús a predicar así: Convertíos, porque el Reino del Cielo está cerca. Dios se dispone a inaugurar un nuevo reinado, la Buena Nueva, la Alegría del Evangelio.

A menudo entendemos la palabra conversión como la llamada a salir de una vida pecaminosa y hacer penitencia. Prestemos atención: en el original griego "metanoia" del verbo “metànein” no significa exactamente hacer penitencia, sino cambiar de mentalidad, cambiar de opinión, rectificar. Esto nos lleva más allá en nuestro concepto sobre la conversión. Se puede ser un cristiano cumplidor instalado en las propias costumbres religiosas, o bien ser un seguidor de Jesús, abierto a dejarse sorprender por la novedad del Evangelio, novedad que a menudo nos empuja a ir más allá y abrir nuevos enfoques en nuestra vida. Es el caso de muchos santos y santas. San Antonio María Claret, por ejemplo, en plena efervescencia de progreso en sus estudios de ingeniería textil en Barcelona, ​​en un momento determinado le viene a la memoria aquella palabra del Evangelio: "¿De qué sirve a un hombre ganarlo todo si luego se pierde él mismo". El joven Anton Claret reacciona, hace una "metanoia": Él busca un guía espiritual y emprende el nuevo camino de evangelizador apostólico.

La conversión al Evangelio radica en dejarse sorprender por la Palabra de Jesús, abiertos a que el Espíritu vaya haciendo de nosotros una imagen viva de Cristo.

María nos estimula con su intervención en las Bodas de Caná: ¡Haced lo que Él os diga!

El relato de Mateo continúa: la primera cosa que Jesús hace en su actividad evangelizadora es buscarse colaboradores. Les sale al encuentro a la orilla del mar: venid conmigo y os haré pescadores de hombres. Ellos sí, lo dejaron todo y le siguieron. Hicieron una conversión, un cambio que en el contacto con Jesús se dibujó lentamente, en medio de oscuridades y con obstáculos, y prosperaron porque aceptaron la propuesta innovadora del Maestro.

También cerca del agua, en el bautismo, Jesús nos ha llamado a seguirlo y ser pescadores de hombres. La vocación cristiana es como un árbol que se diversifica en un frondoso ramaje: la diversidad de carismas. Todos nosotros tenemos una misión, sea en familia, sea en el trabajo, en sociedad, en la comunidad parroquial... Como laicos, como ordenados o como consagrados en vida religiosa.

Cada día el Señor nos desvela el oído para hacernos ver qué espera de nosotros en el desempeño de la misión que él mismo nos ha confiado.

Por ahí va la conversión: siempre atentos a la Buena Nueva del Evangelio.

Tipus recurs pastoral: