Inmaculada Concepción

Cicle: 
A
Temps: 
Santoral
Domingo, 8 Diciembre 2019
P. Jaume Sidera Plana, cmf

1.- Este segundo domingo de adviento cede hoy gentilmente el paso a María que tiene precisamente un protagonismo importante en este tiempo. Pero antes de fundirse humilmente, el domingo nos deja una preciosa instrucción de san Pablo. Lo que entonces se escribió en la Biblia, se escribió para nuestra instrucción, para que por la paciencia y el consuelo de la Escritura tengamos esperanza. Y lo recalca con una breve oración: El Dios de la paciencia y el consuelo os conceda tener los unos para con los otros los sentimientos de Cristo Jesús, de modo que, con un solo corazón y una sola voz, glorifiquéis a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo.

2.- Pues bien, la Biblia nos da un par de lecciones. Una, la busca de las causas de los males de la humanidad. Y otra: el remedio del mal. En ambos momentos encontramos a la mujer -misma mujer- Eva/Maria.

3.- Cuando leemos la “historia de Adán y Eva y la serpiente” hemos de empezar desaprendiendo. No es historia pasada. Es nuestra realidad actual. Adán y Eva son el hombre y la mujer de hoy. Y la serpiente es aquel culebrón de verano vendiendo como verdadera una “filtración” evidentemente “regalada”. El notición corre como la bola de nieve como verdad incontrovertible. Es fakes new que dicen ahora o una postverdad, fruto de una mentira repetida, con el resultado de cárceles preventivas y de vidas destrozadas. Jesús dice: el diablo -el filtrador de marras- es homicida desde el principio. Es mentiroso y padre de la mentira. Y nadie asume la responsabilidad. La culpa la tiene el otro. Ahí tenemos a Adán echando la culpa a Eva y Eva a la serpiente y Adán en último término a Dios.

4.- Pero el mal tiene remedio. La mujer y su Hijo aplastarán la cabeza del dragón, el mentiroso, el corrupto, el irresponsable. Lo celebramos hoy en María Inmaculada. Ella -aun viviendo en circunstancias nada fáciles- se ve amorosamente preservada no de equivocarse ni de sufrir ni de andar por el camino de la fe sino para que desde su primer aliento pueda responder al ideal de Dios que nos creó para que fuésemos santos e inmaculados, sin tara ni mancha, como hijos suyos muy amados. María realizó plenamente el ideal de Dios.

5.- Recordamos también que Dios dejó en la manos y en el corazón de una joven de la periferia -Nazaret era un pueblo desconocido- no un asunto de cuatro días sino la obra de la salvación de toda la humanidad. Dios la creó mujer y nada más que mujer. No consta que fuese guapa o sabia o rica. O universitaria o primera dama. Dios quería una mujer en quien se pudieran ver representadas todas las mujeres por su riqueza interior que cada cual pueda desplegar en cualquier condición humana: virgen, esposa, madre, viuda en la sociedad civil o religiosa. Reivindica la dignidad de la mujer contra todo y todos los que atienten contra ella o la pisoteen.

6.- María, puesta en diálogo con Dios, le da su consentimiento activo y responable no para la solución de un problema cualquiera sino a la “obra de los siglos, la encarnación del Verbo. Antes de aceptar la propuesta de Gabriel, dialoga. Su situación personal y social no le permite por el momento ser madre. Y Dios le aclara la duda. Nada es imposible para Dios. El Espíritu santo, Dios poderoso, realizará en ella este milagro. Pero espera la respuesa libre y responable de María. Y Ella la da cumplidamente: Estoy a tu disposición. Soy tu sierva. FIAT, hágase en mí según tu palabra. Es un FIAT equiparable al del primer día de la creación. Hágase la luz.

7.- Saludemos a María como la saludó Gabriel. Alégrate, favorecida, agraciada, Dios está contigo. Un poco diferente de cuando la saludamos nosotros: Dios de salve, María, llena eres de gracia. Es verdad pero nos perdemos el grito del texto original: Alégrate. Gabriel no la saluda por su nombre. Le dice: la favorecida, la agraciada. La belleza de santa María está en su interior.

8.- Y más todavía. Cuando Dios hizo visible su presencia en medio de su pueblo, cubrió el arca de la alianza y más tarde el templo de Salomón con una nube, con su sombra. De ahora en adelante el arca de la alianza y el templo es una persona fràgil y humilde: María. Y cualquier cristiano o cristiana que deja que Dios actúe en él, se convierte en Arca y Templo como María: El que ama, el Padre lo amará y vendremos a él y moraremos en él. El Espiritu Santo, amor y potencia de Dios, formarà Jesús en nosotros si encuentra en nosotros la misma generosidad de María.

9.- ESPÍRITU SANTO QUE FORMASTE A JESÚS EN MARÍA, FORMA A JESÚS EN MÍ.

Tipus recurs pastoral: