Domingo III de Adviento

Cicle: 
A
Temps: 
Advent
Domingo, 15 Diciembre 2019
P. Jaume Sidera Plana, cmf

Adviento es tiempo de esperanza

1.- Teófilo de Antioquía, un apologeta del siglo II, escribía: “Si me dices: Muéstrame a tu Dios, yo te diría: Muéstrame el hombre que tú eres y yo de mostraré a mi Dios”. Pero has de tener ojos del alma para ver y oídos del corazón abiertos para oír.

2.- Juan Bautista se había esforzado en mover a la gente a convertirse y a prepararse para recibir al Mesías que ya estaba a las puertas. Era convincente y enérgico pero comprensivo y con la buena gente dispuesta a cambiar espiritualmente y a confirmarlo con la inmersión en el río Jordán. En cambio, fustigaba sin compasión a las autoridades religiosas que se acercaban a oírlo. Se encaró inflexible contra el reyezuelo Herodes que vivía una situació escandalosa por lo que se ganó la cárcel en que estaba encerrado.

3.- Con su temperamento vivo y fogoso conectaba mejor con la imagen del Dios juez exigente que muchos profetas anunciaban. Conociendo al “hombre” Juan comprendemos mejor su imagen de Dios. En cambio, Jesús, manso y humilde de corazón, refleja el rostro amable de Dios, Padre “compasivo y benigno, lento para castigar, fiel en el amor, bueno con todos. Ama entrañablemente todo lo que Él ha creado”. Jesús lee y cree lo que decía el profeta: Decid a los cobardes: no temáis.Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como ciervo el tullido, la lengua del mudo cantará.

4.- Juan, en su cárcel injusta como la de tantos presos, tiene tiempo de recordar, reflexionar y orar. Cuando recibe noticias de Jesús, se siente algo decepcionado. Él lo ha presentado como “el que tenía que venir”, el salvador esperado. Pero con el hacha apuntando al tronco para cortar y echar al fuego al árbol que no produce le fruto que se espera de él. Juan se ha jugado el tipo y la libertad por el honor de Dios. Y Jesús no actúa con la contundencia que debería.

5.- Los mensajeros de Juan le trasmitirán las palabras de Jesús. Decid a Juan: Contadle lo que veis y oís: los ciegos recobran la vista, los cojos caminan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, los pobres reciben la Buena Noticia; y ¡feliz el que no tropieza por mi causa!” No le digáis que Jesús es el que había de venir. Ya está aquí. Juan es capaz de recordar, pensar y orar. Como tenía el corazón y los ojos abiertos comprende que Jesús tiene razón. Actúa sintonizando con el Padre compasivo y misericordioso que también describían las Escrituras que tan bien conocía. Seguro que Juan halló la paz que tanto anhelaba.

6.- Jesús pronuncia un gran elogio de Juan. No es una caña zarandeada por el viento. Es todo un hombre, de una pieza, de firmes convicciones, de vida austera y libre. Sin miedo. ¿Un profeta? Sí, y más que profeta. De él dice Malaquías: yo envío mi mensajero a preparar el camino delante de ti”. Más aún: Os aseguro que de los nacidos de mujer no ha surgido aún alguien mayor que Juan el Bautista. Su misión es única. Y sin embargo, el último en el reino de los cielos es mayor que él. El cristianito más pequeño ya goza como presente de aquello que Juan anunciaba.

7.- Adviento es tiempo de esperanza. Esperamos la venida del Señor y que sea pronto. “Entre tanto tened paciencia, hermanos”, recomienda Santiago. La paciencia del labrador que espera recibir la lluvia temprana y tardía, con la esperanza del fruto valioso de la tierra. Con una esperanza activa: preparando la tierra arándola, sembrando la semilla y siguiendo amorosamente su germinación y crecimiento hasta el día de la cosecha.

8.- Nuestra esperanza pasa por tener el corazón abierto a Dios y a los hermanos en la vida ordinaria: cuidando la convivencia, limando las asperezas, evitando juicios y prejuicios, acompañando a los que se sienten solos y buscan el sentido de la vida. Preparados para responder a los que nos pregunten: ¿El Jesús que esperáis en navidad es el “Dios con nosotros” o hemos de esperar a otro? ¿Lo hallaremos en el consumismo desenfrenado de estos días o en la luz del pesebre? Sí, lo hallaréis en la cuna junto a José y María, con los Ángeles y los pastores y calentado por aliento del buey y de la mula, que no entienden nada, pero están ahí.

Tipus recurs pastoral: