Domingo VI de Pascua

Cicle: 
C
Temps: 
Pasqua
Domingo, 26 Mayo 2019
P. Jaume Sidera Plana, cmf

No os turbéis ni os acobardéis

1.- Seguro que no han oído nunca el nombre de san Leónidas, martirizado hacia el año 202. Un gran cristiano. Su hijo se llamaba Orígenes y con el tiempo fue uno de los sabios más influyentes de la Iglesia de todos los tiempos. Pues bien, su padre por la mañana o a la hora de acostarlo, se inclinaba para dar un beso en el corazón del hijito reconociendo y adorando la Trinidad presente y operando en él.

2.- Qué cristiano ¿verdad? Había aprendido y asimilado la palabra de Jesús: «Si alguien me ama guardará mi palabra, mi Padre lo amará, vendremos a él y habitaremos en él”. Dios que no cabe en todo el universo viene a morar en el corazón de cada creyente. Hasta en el corazón de un recién bautizado.

3.- Y el Espíritu Santo nos recuerda las palabras de Jesús y nos las da a entender más con la sabiduría del corazón que con ideas abstractas. Como las dio a entender a Leónidas, a Orígenes y al cristiano más sencillo que conecte con el Espíritu. ¡Qué paz da esta presencia de Dios en nosotros! Paz y alegría, los grandes dones de la Pascua. No os turbéis ni os acobardéis.

4.- El Espíritu Santo que nos ilumina desde dentro, ilumina también a la Iglesia universal a lo largo de la la historia. Los Hechos de los Apóstoles nos dan un buen ejemplo. La iglesia ha crecido y se ha abierto al mundo no judío. Se produce un choque de culturas que suele comportar tensiones.

5.- Han de convivir dos grupos eclesiales. Seguían al mismo Señor pero por caminos divergentes. Había el grupo de Jerusalén y el grupo de Antioquia, donde los discípulos de Jesús recibieron por primera vez el nombre de cristianos. El grupo de Jerusalén se creía el nuevo Israel. Según ellos, para hacerse cristiano antes había que hacerse judío y adoptar sus prácticas tradicionales. No comprendían la novedad de Jesús que con su vida, muerte y resurrección hizo añicos todas las fronteras de raza, de leyes y de tradiciones excluyentes, como la circuncisión, la separación en las comidas, el sábado estrictísimo. Jesús es Dios que salva a todos con una sola condición: acogerlo con fe y amor.

6.- San Pedro se dio cuenta de ello cuando entró en casa del pagano Cornelio. Mientras les hablaba de Jesús, el Espíritu Santo irrumpió sobre los oyentes con los mismos efectos que el día de Pentecostés. ¿Cómo podía negar el bautismo a quienes han recibido el Espíritu Santo igual que los discípulos de toda la vida?

7.- La asamblea de Jerusalén fue el primer concilio de la Iglesia. Con el dialogo, a ratos muy tenso, los apóstoles solucionaron el problema de la convivencia intercultural. Y contando con la asistencia del Espíritu Santo abrieron las puertas de la Iglesia a toda persona que creyera en Jesús, sin distinción de raza, origen, lengua o cultura. Sin imponer más cargas que las exigidas por la caridad, la delicadeza y el respeto a las sensibilidades de los cristianos de tendencias diversas.

8.- Con esto no quedó todo solucionado. También hoy hay situaciones o costumbres o tradiciones que dificultan la entrada a la comunidad cristiana. El Concilio Vaticano segundo ya derribó algunos muros. Quedan todavía: el feminismo, el clericalismo, tradiciones que mantienen enfrentadas las diversas confesiones cristianas. La respuesta adecuada a los nuevos problemas que plantea el mundo de hoy. El Papa Francisco se esfuerza en derribar algunos muros y topa con fuertes resistencias. Todos, desde el Papa hasta el último cristiano, hemos de abrirnos a la acción del Espíritu Santo.

9.- El Apocalipsis nos desconcierta con su descripción de la ciudad nueva. En ella no hay ninguna capilla ni iglesia ni catedral ni lugar alguno de culto. ¿Por qué? Porque el Señor, Dios del universo, con el Cordero =Jesús resucitado con las marcas de la crucifixión, es su santuario. La ciudad no necesita la luz del sol ni de la luna, porque la presencia gloriosa de Dios lo llena de claridad y el Cordero es la luz del nuevo mundo. Una ciudad de puertas abiertas donde caben todos los habitants de la tierra.

10.- Volvamos al principio. Leónidas adorando a Dios en el corazón de su hijito. Dios llenándolo todo con su presencia. ¿Dónde está Dios? San Agustín, joven profesor algo despistado, buscaba a Dios por todas partes: en la naturaleza, en los libros, en las escuelas filosóficas, en las diversas religiones. Hasta que un día se dio cuenta y le cambió la vida. Claro. Busco a Dios fuera y él vive dentro mí. ¡Haremos nuestra morada en el creyente! Se trata de la inmanencia de la Santísima Trinidad en el corazón del cristiano, que queda convertido en templo vivo de Dios.

En medio del desierto y del éxodo de nuestra historia, Dios habita verdaderamente en el corazón de cada creyente. ¡El templo de Dios somos nosotros!

Tipus recurs pastoral: