Domingo IV de Cuaresma

Cicle: 
C
Temps: 
Quaresma
Domingo, 31 Marzo 2019
P. Josep Vilarrubias Codina, cmf

En nuestra reconciliación con el Padre Él nos confía ser servidores de reconciliación con los hermanos

Hoy tenemos la parábola del hijo pródigo. Podríamos decir más bien: "parábola del Padre pródigo en el amor".

¿Y si pasáramos directos a la segunda parte del relato? La primera parte sería todo lo que ya hemos oído tantas veces. La segunda sería: y después, ¿qué? ¿Cómo te imaginas la nueva vida del hijo pródigo después de sentir el inmenso abrazo del Padre? Yo te agradecería que me dijeras como te lo imaginas.

Escrita tu respuesta, tú la podrías leer y probablemente te encontrarías ante un espejo: lo que te parece que viviría el joven vuelto a casa es lo mismo que el Señor te está pidiendo como conversión cuaresmal.

Pero primero tienes que experimentar este fortísimo y tierno abrazo y las lágrimas de alegría del Padre, porque te has decidido a volver de aquellas actitudes tuyas que te están apartando del Padre.

La parábola del hijo pródigo es la tercera de tres parábolas que encontramos en el capítulo 15 del evangelio de Lucas:

1.- Un padre que ha perdido a su hijo,

2.- un pastor que ha perdido una oveja,

3.- una mujer que ha perdido una moneda.

El padre reencuentra el hijo, el pastor vuelve a encontrar la oveja, la mujer reencuentra la moneda; el padre organiza una fiesta, el pastor dice a los compañeros: alegraos conmigo; la mujer comparte con las comadres vecinas la alegría de haber encontrado la moneda perdida. Hay algo muy estimado que se pierde, que es buscado o esperado, un reencuentro y la alegría compartida.

Dios Padre nos ama, nosotros vamos a lo nuestro, él espera con amor, y si nos dejamos reencontrar provocamos una gran alegría. Su perdón es "impensable".

Observemos el escenario de estas parábolas:

Atraídos por sus palabras, a Jesús se le acercaban personas de mal vivir, pecadores, gente marginal. Esto escandalizaba a los fariseos y los maestros de la ley que eran los practicantes, observantes perfectos de las normas religiosas, modelos impecables, y que por tanto trataban de apartarse de la gente contaminada. Notamos que Jesús no se dirige directamente a la gente, muchos de ellos indeseables, sino a los santones que le están criticando. Él no se defiende sino que viene a decirles: Mirad, lo que estoy haciendo con esta gente es precisamente lo que hace el Padre del cielo, díganle si caso a él. Yo soy entre vosotros como imagen visible del amor de Dios. Si no deseáis acusar a Dios Padre no es necesario que me acuséis a mí.

Esta presentación genial sobre Dios Padre de Misericordia debía liberar los corazones de la gente sencilla que estaban escuchando.

Esta liberación del corazón es lo que se nos presenta en las lecturas de hoy que nos preparan para la parábola del Hijo Pródigo:

Primera lectura: En el libro de Josué, cuando el pueblo después de la gran travesía del desierto, está entrando a la Tierra Prometida, el Señor dice a Josué: "Hoy os he liberado de la ignominia de Egipto". Los israelitas celebraron por primera vez la pascua de la liberación y comenzaron a alimentarse de los productos del nuevo país. Esto es lo que vivió en su corazón el hijo al sentirse tan inesperadamente estimado: La alegría de la liberación interior y el nuevo alimento fruto del Amor del Padre.

Salmo 33: es un canto de agradecimiento por la alegría de la liberación: Alzad a él la mirada. Os llenará de luz / Y no tendréis que bajar los ojos avergonzados. / Si el afligido invoca al Señor, / Él escucha y lo salva del peligro.

Segunda lectura (a los Corintios): Aquellos que viven en Cristo son una creación nueva; todo lo antiguo ha pasado, ha comenzado un mundo nuevo... Y todo esto es obra de Dios que nos reconcilió consigo mismo por Cristo y nos confió el ministerio de la reconciliación.

En nuestra reconciliación con el Padre Él nos confía ser servidores de reconciliación con los hermanos.

Y situados nuevamente en el Evangelio aparece como contraste la actitud del hijo mayor: se siente mal ante la misericordia del Padre con el hermano pródigo, él que siempre ha estado en casa fiel en todo lo que se le pedía.

No nos gustaría sentirnos retratados en el hermano mayor. No tenemos derecho a juzgar mal a las personas alejadas, perdidas, huidas de casa... son hermanos nuestros y les corresponde, de nuestra parte, un corazón misericordioso. Como el del Padre.

Tipus recurs pastoral: