Domingo III de Cuaresma

Cicle: 
C
Temps: 
Quaresma
Domingo, 24 Marzo 2019
P. Josep Vilarrubias Codina, cmf

Todo el mensaje cuaresmal apunta hacia la misma dirección: la conversión

Tercer domingo de Cuaresma, vamos avanzando hacia la celebración del Misterio Pascual. Son tantos y tan enriquecedores los mensajes que nos llegan para nutrir nuestro camino cuaresmal, que quizás nos podríamos sentir abrumados por no saber dónde centrar el foco. Hay una forma que es la de los círculos concéntricos. El compás nos ayuda a dibujarlos en círculos concéntricos pero, eso sí, a partir de una de las dos agujas bien fijada en el centro. Cada uno puede buscar su punto central. Yo hoy lo encuentro en el salmo:

"El Señor es compasivo y misericordioso, ¡lento a la ira y rico en clemencia"!

En su primera carta Pablo recuerda a los Corintios cómo en el tiempo de camino por el desierto, el pueblo saciaba la sed con la misma bebida espiritual que brotaba de una roca y la roca era Cristo. En nuestro paso por el desierto de la vida caminamos sedientos de agua viva. Sed de ser queridos, de ser perdonados, sed de paz interior. Sed del agua que verdaderamente nos puede saciar. La sed de amor nos mueve a todos y cada uno a la búsqueda a su manera en todo tipo de aguas más o menos limpias o sucias, contaminadas o puras, venenosas o llenas de vida.

¿Dónde situamos la punta del compás? Todo el mensaje cuaresmal apunta hacia la misma dirección. Sólo hay que centrar la atención, poner el corazón. Por todas partes se nos habla de conversión. De vuelta desde el fondo de nosotros, voltear nuestras actitudes, nuestros comportamientos, nuestra mentalidad hacia la Roca Viva, el Jesús del Evangelio. ¿Con qué energía? Con la del Amor. El amor de Aquel que vino a acampar en medio de nosotros para servirnos hasta el extremo de dar la vida por nosotros. Invertir nuestro corazón hacia este que así nos ama y salva nuestras vidas.

Si te enamoras de Jesucristo y te dejas tomar por su amor, tu vida te cambia, se convierte. Aquí tenemos que ver el punto central de nuestra conversión. En el fondo es abrirnos de lleno, incondicionalmente a Aquel que es lento a la cólera y rico en amor.

Y eso toca, sí, al pensamiento, pero sobre todo al corazón, a la vida en sus raíces más profundas. La parábola del Evangelio hoy nos habla de la higuera que no acaba de dar los frutos esperados. Y dice el dueño al viñador: ¡basta! Cortamos la higuera. Aquí el dueño es el Padre y el viñador es Jesús, el que da la vida por nosotros, y responde: Esperemos un tiempo más. Cavaré la tierra y le echaré estiércol, a ver si da fruto en adelante.

Jesús, el labrador, nos salva: nos ofrece una nueva Cuaresma para remover la tierra de nuestro corazón, las raíces interiores.

Por su parte esto funciona, y por nuestra parte sólo necesitamos aplicar lo que él mismo nos ha recordado en el evangelio del Miércoles de Ceniza:

+ La oración, humilde, sincera e íntima

+ La acción a favor de los otros, particularmente los que más lo necesitan,

+ Hacer buena cara, que el esfuerzo cristiano no es para hacer cara triste sino para mostrarnos como gente gozosa, cercana, esperanzada, llena de paz.

Y aquí termino. Quedan en suspenso temas como:

- Del capítulo 10 en la primera carta a los Corintios, un tema profundamente teológico que si acaso habría que ser tratado expresamente.

- O bien el salmo 102: os sugiero que ajustéis bien la primera aguja del compás en el amor misericordioso de Dios y hagáis un recorrido circular del salmo, subrayando solamente los verbos (acciones y actitudes) que tienen al Señor por sujeto. Veréis que es para estar agradecidamente embobados.

- O bien la primera lectura de Moisés. También aquí podríais subrayar los verbos referentes a Dios que tiene compasión del pueblo esclavo, que se ha decidido a liberarlo y lo confía a Moisés.

- O bien la primera parte del evangelio en que Jesús expulsa la idea tan arraigada todavía hoy de que los males son castigo de Dios y lo aprovecha para decirnos que todos necesitamos convertirnos.

Tipus recurs pastoral: