San Juan Bautista

Cicle: 
B
Temps: 
Santoral
Domingo, 24 Junio 2018
P. Jaume Sidera Plana, cmf

Los cristianos tenemos mucho que aprender de Juan

1.- ¿Quién será este Niño? Qué novedad la del nacimiento de este chaval, hijo de un hombre misteriosamente mudo y de una madre estéril. Todo el mundo se maravilla y se hace preguntas. También nosotros nos hacemos preguntas.

2.- ¿Cómo le llamaremos? Como que en un pueblo pequeño vecinos y vecinas lo saben todo, cada cual dice la suya. Naturalmente Zacarías. ¿Cómo, si no? Un nombre bien bonito y expresivo: Dios se acuerda. Se ha recordado de unos padres que no podían tener hijos y del pueblo que se ve rejuvenecido con una vida nueva.

3.- Pues no, se llamará Juan, dice la madre Elisabet. Juan y punto. Juan significa Dios ha concedido gracia o Dios obra bondadosamente. Un nombre nuevo para tiempos nuevos.

4.- ¿Qué será? Jesús dice de Juan maravillas: no hay nadie mayor que Juan Bautista. No es una caña que se agita según el viento que sopla. Es más que un profeta. Él señala con el dedo a aquel que otros profetas anunciaron para un futuro lejano. Es portador de la Palabra de Dios y testigo de su presencia.

5.- Es un hombre austero e insobornable. Y políticamente incorrecto. Se planta ante el reyezuelo Herodes Antipas y le dice que vive ilícitamente, contra toda ley. Se planta ante las autoridades religiosas de Israel y la cosa más suave que les dice es raza de víboras. Como para hacerse simpático, vaya.

6.- En cambio con el pueblo humilde y humillado es todo bondad y comprensión. A los publicanos tan mal vistos no les aconseja que cambien de oficio. Es bastante noble y necesario. Naturalmente han de ser honrados a la hora de recaudar los impuestos. A los militares los dice que no abusen de la fuerza exigiendo sueldos imposibles. Y a la buena gente les recomienda que sean generosos con los necesitados y compartan con ellos la comida y el vestido que buenamente puedan.

7.- Juan es honrado. Conoce la grandeza única de su misión, pero no se aprovecha de ello para medrar. Cuando le preguntan quién es, responde sin tapujos: no soy ni el Mesías ni Elías ni el Profeta. Es la Voz. Es poca cosa la voz, pero su alcance es inmenso. Anima a todo el mundo a allanar el camino al Señor siempre dispuesto a dirigir el pueblo hacia la libertad.

8.- Juan era la antorcha que arde e ilumina. Tuvo el coraje y la generosidad de emplear toda la vida al servicio de una causa noble. Por eso nos ilumina todavía. No buscó su éxito personal. Conviene que Él crezca y que yo mengüe. Jesús es el Esposo. Él está muy contento de ser el amigo. Disfruta de presentarlo como el Novio y lo mostró noblemente. Encaminó hacia Jesús sus mejores discípulos.

9.- Como nosotros tuvo sus dudas de fe. Jesús, ocupado en ir de acá para allá rodeado de gente poco recomendable no actúa con la contundencia que Juan proclamaba. Desconcertado, envía unos discípulos a preguntar a Jesús si es el que había de venir o había que esperar a otro. Quedó consolado cuando Jesús le recordó que él no encarnaba el Mesías triunfador que el pueblo esperaba sino el Mesías siervo dispuesto a lavar los pies, pronto a servir y no a ser servido.

10.- Los cristianos tenemos mucho que aprender de Juan. La llama del Canigó, la llama de la lengua, la llama de la libertad es paseada en todas partes este día. Muy bien. Pero mientras paseamos y aclamamos la llama, recordemos que nuestra misión es ser luz del mundo. Seamos cómo Juan antorchas que arden de amor y porque aman dan luz.

Tipus recurs pastoral: