Muy Sr. mío y de mi más distinguida consideración: Recibí su carta de 20 de noviembre del año pasado, y no he podido contestarle tan pronto como deseaba, porque tuve que valerme de algunas personas para adquirir las noticias que V. me pedía acerca de si sabe en esta ciudad alguna cosa extraordinaria del excelentísimo señor D. Antonio María Claret, Fundador de la Congregación de la cual es hoy V. Superior General.
Las noticias que he adquirido de los hechos de su celo apostólico en esta ciudad, son los de la relación que me ha dado una persona fidedigna a quien dí comisión de que procurase adquirir datos para poderle dar una respuesta que fuese bien fundada, cuya relación es como sigue: «M. Antonio Claret todo el mayo de 1846 lo pasó en Lérida y también la mitad del mes de junio. Estaba en casa del canónigo Vallcendrera. Durante el mes de mayo predicó cada día por la mañana en la Catedral y por la tarde en la Iglesia del Rosario. El auditorio era inmenso. Confesaba por la mañana en la Catedral y por la tarde en la Iglesia del Hospital. También oyó muchísimas confesiones en el Oratorio de la casa donde vivía. Consiguió la conversión de muchos y grandes pecadores. Algunos vinieron de muy lejos para confesarse con él. Muchos, para tener lugar, pasaban toda la noche en la puerta de la Iglesia. Cuando estaba en casa era necesario poner un municipal a la puerta, sino hubiera sido una confusión, a causa de la mucha gente que a él acudía.
A pesar de esto, la escalera estaba siempre llena, y se contentaban con poder besar un Crucifijo que traía delante del pecho, a cuyo objeto, lo entregaba a uno de los dependientes de la casa. Con tanta unción hablaba a todos que les parecía quedar sin mal alguno, y todos con solo oirle quedaban llenos de consuelo. —antes de conocer Lérida a Mn. Claret, era voz pública que venía a predicarles un Santo. Viéronle llegar los leridanos a pie, y con solo un pañuelo en la mano donde traía el breviario y algún otro libro, le oyeron luego en el púlpito y mientras estuvo con ellos, no sabían hablar más que de M. Claret. Como no llevaba más ropa que la de porte, querían vestirlo y lo rehusó. Sólo consiguieron, sin advertirlo él, cambiarle los zapatos viejos que llevaba con unos de nuevos, y los que le quitaron, los guarda una familia de esta Ciudad como un precioso tesoro. —Los 15 días de junio los empleó dando ejercicios al Clero y Religiosas. Al marcharse le acompañó mucho gentío. Habiendo llegado al Cementerio, rezó un responso, se despidió de la gente, y siguió el viaje a pie en compañía de un buen religioso, que le había acompañado.
Pasando ahora a omitir mi opinión acerca de sus virtudes, acatando al fallo de la Iglesia, puedo manifestarle que me parecieron extraordinarias y que la pública fama le señalaba como un Santo. Y esta opinión la fundo en lo que pude observar en los 15 días que predicó en Calella, mi pueblo, aunque entonces era yo muy joven; y más tarde en Gerona cuando dio los Stos. Ejercicios al Clero, habiendo podido observarle de cerca por haber sido yo familiar del Exmo. Sr. Obispo que le hospedó en su Palacio. En esta misma opinión me confirmé en Canarias donde estuve de Canónigo Penitenciario por el buen olor de sus virtudes que dejó en aquellas islas, regadas con su celo apostólico.
Dígnese V. recibir el testimonio de aprecio y consideración de su affmo. Capellán que se encomienda a sus oraciones y q. b. s. m.
El obispo de Lérida
Lérida 14 de enero de 1880.
Archivo de la Casa-Madre, de Vich, nº 2164 (2) págs. 117-118. |