Para aquel misionero insigne, gloria y honor de Cataluña, que se llama hoy Beato(1) Antonio Maríia Claret,(2) Lleida fue un campo bastísimo de trabajos apostólicos.
He ahí las fechas del paso del Siervo de Dios por esta ciudad, algunas de ellas constituirán el objeto de otros artículos del presente estudio monográfico:
- Año 1846. Del 1 de mayo a mediados de junio.
- Año 1848. Enero, cuando iba hacia Canarias.
- Año 1850. Octubre, cuando regresaba de Madrid de recibir el capelo de arzobispo.
- Año 1860. El 5 de octubre, cuando vino con los Reyes, Francisco de Asís e Isabel II.
- Año 1864. El 11 de junio, cuando visitó el Convento de Esclavas del Corazón de María.
- Año 1865. El 23 de julio, cuando se detuvo «un rato» para saludar al obispo Puigllat.
La más célebre y provechosa es, sin duda, la primera, que abarca desde el 1 de mayo a mediados de junio de 1846, cuando era un sencillo sacerdote conocido con el nombre popular de «Mossén Claret».
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Cuadro que representa la Misión de 1846.
Se conserva en la parroquia Sant Antoni Mª Claret, de Lleida. |
Los detalles de esta famosa misión constan en una carta del día 15 de enero de 1880, escrita por el entonces obispo de Lleida, el Ilustrísimo Señor Dr. Tomàs Costa Fornaguera y más adelante Arzobispo de Tarragona, y dirigida al Reverendíssim P. Josep Xifré, Superior General de la Congregación de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María; y por otra, de fecha 10 de enero de 1883, redactada por el testigo ocular, el Reverendo Lleó Escana, además de los diferentes procesos que se instruyeron para su beatificación.
El Dr. Costa Fornaguera dice en su carta: «Las noticias que he adquirido de los hechos del celo apostólico del Sr. Claret en esta Misión, son las de una persona fidedigna, a quien di la comisión que cogiera datos para poder dar a V. una respuesta que fuera bien fundamentada».
La relación es ésta: «Los leridanos lo vieron llegar a pie con un pañuelo en la mano, donde llevaba el Breviario y algún otro libro, y mientras estuvo entre ellos sólo hablaban de Mossén Claret...»
«Mossén Antonio Claret pasó todo el mes de mayo en Lérida y también la mitad del mes de junio. Se alojaba en casa del canónigo Vallcendrera. Durante el mes de mayo predicó cada mañana en la Catedral y por la tarde, en la iglesia del Sant Roser. El auditorio era inmenso; por la mañana confesaba en la Catedral y por la tarde, en la iglesia del Hospital. También escuchó muchas confesiones en el oratorio de la casa donde vivía. Consiguió la conversión de muchos y grandes pecadores. Algunos vinieron de muy lejos para que los confesara y muchos de ellos, para encontrar sitio, pasaban toda la noche en la puerta de la iglesia. Las horas que permanecía en casa era preciso poner un municipal en la puerta para evitar la confusión que, a causa de la multitud, podía haber. A pesar de eso, la escalera que daba a su habitación estaba llena y como no podían hablar con él, la buena gente se contentaba con besar el crucifijo que el Siervo de Dios llevaba sobre el pecho, y que entregaba a alguien del servicio de la casa. Acudieron a él muchos enfermos y a los que no pudieron acercarse fue a visitarlos en su casa. Con tanta unción hablaba a todos que les parecía librarse de cualquier mal y sólo con sus palabras los llenaba de consuelo».(3)
El testigo ocular M. I. Sr. Josep Joaniquet, natural de Lleida y canónigo de la catedral de Vic, amplía la precedente relación con estos minuciosos detalles:
«Predicaba dos horas cada día, una por la mañana después de los oficios divinos en la Catedral, y otra a las ocho de la noche en la Iglesia de Sant Domènec. Iba mucha gente a escucharlo, no sólo de la ciudad, sino también de los pueblos de la comarca. El Siervo de Dios obtenía grandes triunfos espirituales, en muchos casos de conversiones. Sus sermones hablaban de materias morales y los presentaba con tanta sencillez y claridad que incluso las más rudas inteligencias podían comprenderlas por medio de las comparaciones que presentaba, sin ofender nunca a nadie, ni dar ocasión que se lo tildara de imprudente. Todo el mundo le hablaba como si fuera un santo. Su confesionario estaba siempre rodeado de muchísimas personas, que a media noche acudían a las puertas de la Iglesia, aún cerrada, para poder confesarse al día siguiente».(4)
«La Catedral -dice el Sr. Joan Mestre- se llenaba de gente para escuchar sus sermones y también la Iglesia que había sido de los Padres Dominicos. La avidez que manifestaba la gente para confesarse con él era tan grande que, a media noche, vi a muchas personas en la puerta de la Iglesia del Santo Hospital para coger turno, para que les confesara al Sr. Claret. En esta iglesia iba a las cuatro de la mañana a celebrar y escuchar confesiones inmediatamente después de celebrar al Santo Sacrificio».(5)
Por eso se ha escrito, sin faltar a la verdad, que «El movimiento extraordinario de la gracia que se operaba en todas las conciencias, se reflejaba en las oleadas de penitentes que pugnaban por llegar al santo tribunal de la confesión».
«Un indicador de eso fue un pequeño incidente que le explicó uno de sus feligreses al anterior rector del Boix, ya muy mayor: Siendo él sólo un niño recuerda que había gente que, entre las frecuentes mansedumbres, le alargaban alguna pieza de dos cuartos (unos seis céntimos), con la finalidad que les cediera el turno del confesionario del Siervo de Dios…»(6)
Los leridanos iban tras el Padre Claret, como los habitantes de Galilea i Judea tras el Redemtor Jesús, en nombre del cual aquél predicaba en la multitud, que se apretaba a su alrededor hasta el punto que, debido a la opinión de santidad que se tenía del Beato, «Las guardias civiles tenían que abrirle paso entre la multitud cuando entraba y salía de la iglesia…»(7)
Nuestro Cabildo, con el fin de agradecer los extraordinarios servicios a los miembros de la Benemérita, acordó darles una onza de oro para repartírsela entre ellos, tal como consta en el número 8 del acta capitular del 14 de junio.(8)
Lérida no ha olvidado aquella Misión memorable y nos atrevemos a afirmar que el fruto de aquella sementera abundantísima se cosecha todavía en la actualidad.
También son muchas las familias que conservan el buen recuerdo de la visita del P. Claret a algunos de sus miembros enfermos.
Han desaparecido, sin embargo, las iglesias del sant Roser y del Hospital, esta última testigo mudo de las extraordinarias conversiones realizadas por el Siervo de Dios.
La iglesia del Sant Roser, que formaba parte del Convento de Religiosos Dominicos, ubicada en la calle Cavallers, y una de las mejores de la ciudad, fue construida durante la primera mitad del siglo XVIII, según los planos de Fr. Antoni Falcó, dominico del convento de Tortosa; consagrada el día 25 de enero de 1752, por el Obispo de Lleida Gregorio Galindo, de santa memoria. Con la exclaustración de 1835 y la mal llamada desamortización, el convento quedó desalojado, y se cedió para el Instituto Provincial cuando se fundó este centro docente en nuestra ciudad, el año 1842. La Iglesia continuó abierta al culto hasta el año 1854, año que se cerró definitivamente. Una parte sirvió de capilla del citado establecimiento y otra de aulas y salón de grados, hasta que desapareció como capilla.(9)Actualmente todo el edificio ha sido declarado ruinoso y se ha dado de baja como Instituto.
La iglesia del Hospital estaba formada por el ala O. del claustro gótico del mismo edificio. El día 13 de abril de 1454 se colocó la primera piedra de este establecimiento benéfico, donde fueron a refundirse los diferentes hospitales de la ciudad. La construcción no se acabó hasta principios del siglo XVI, con el nombre de Hospital de Santa María.
Construido el nuevo Hospital en la parte N. de la ciudad, fueron trasladados los enfermos y aquél se dejó desalojado y la iglesia cerrada definitivamente al culto, el día tres de mayo de 1928. Actualmente se han instalado los Museos Morera y el Arqueológico y se han tirado los tabiques que cerraban el ala O. del claustro y que formaban la iglesia. |
(1) El P. Claret fue canonizado por Pío XII el 7 de mayo de 1950, fecha posterior del presente escrito.
(2)El día 6 de noviembre de 1845, meses antes de la Misión de Lérda, predicó el P. M. Claret en Anglesola, nuestra villa natal. Así lo comunica el Gobernador militar de Solsona, en aquella fecha, al General Sr. José Folquer, en funciones de Capitán General de Cataluña: "... y ahora lo está haciendo (predicar en Anglesola, pueblo de esta provincia". Archivo Municipal de Solsona, Legajo, 140, nº. 4 =46.
(3)Archivo de la casa de Vic nº. 2164.
(4)Página 117-119. Padre Mariano Aguilar, "Vida admirable del siervo de Dios P. Antonio María Claret". Arx. De la casa Madre de Vic, núm 2164, pàgs. 117-119.
(5)Proceso Informativo de Lérida, pág. 18.
(6)Carta del P. Ramon Casals publicada en Iris de Paz, de 1921, pág. 636.
(7)Declaración del vecino de Lérida, Sr. Ramon Vidal Mallada, en el Proceso Apostólico de Tarragona, página 65.
(8)"El mismo señor Soldevila que actuaba de Presidente del Cabildo" dice que sería oportuno dar alguna gratificación a las ocho guardias civiles que con tantos afanes procuraron la tranquilidad y el orden en todas las iglesias donde predicó Antoni Claret". Actas capitulares de 1836 a 1849, fol. 290.
(9)Pleyan de Porta, "Apuntes de Historia de Lérida", pág. 112.
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